Durante décadas, pilotos comerciales y militares han sido testigos de encuentros aéreos que desafían toda explicación conocida, pero solo en los últimos años estos relatos han salido a la luz con fuerza, respaldados por videos oficiales, registros de radar y testimonios bajo juramento.
Uno de los casos más impactantes ocurrió el 14 de noviembre de 2004, cuando el comandante David Fravor, piloto con más de 18 años de experiencia en la Marina de Estados Unidos, interceptó un objeto no identificado mientras realizaba maniobras de entrenamiento desde el portaaviones USS Nimitz, en el Pacífico. Fravor describió un objeto blanco, sin alas ni propulsión visible, que descendió desde gran altura, aceleró instantáneamente y reaccionó a sus movimientos, algo que —según él— “supera por décadas cualquier tecnología conocida”.
El incidente no fue aislado. Múltiples radares del grupo de combate del USS Nimitz detectaron los objetos durante varios días, y años después, el Pentágono confirmó la autenticidad de los videos captados por pilotos, conocidos como “FLIR1”, “Gimbal” y “GoFast”, grabados entre 2004 y 2015 y publicados oficialmente en 2020.
Otro episodio estremecedor tuvo lugar el 17 de noviembre de 1986, cuando el capitán Kenju Terauchi, de Japan Airlines, reportó el avistamiento de un enorme objeto con luces intensas, descrito como “del tamaño de dos portaaviones”, mientras volaba el vuelo JAL 1628 sobre Alaska. El fenómeno fue seguido por radar terrestre, y el propio Terauchi afirmó: “No era una ilusión. Lo vi claramente”. El caso fue investigado por la FAA y permanece sin explicación definitiva.
Entre 2014 y 2015, decenas de pilotos de la Marina estadounidense reportaron encuentros frecuentes con objetos que aparecían casi a diario frente a la costa este de Estados Unidos. El ex piloto Ryan Graves declaró que estos objetos permanecían inmóviles con vientos huracanados y luego aceleraban hasta desaparecer. El 19 de julio de 2023, Graves testificó ante el Congreso de EE. UU., asegurando que estos fenómenos representan un serio riesgo para la seguridad aérea y que muchos pilotos evitan reportarlos por miedo a represalias.
A estas evidencias se suman datos de sensores infrarrojos, sistemas de seguimiento avanzados y grabaciones simultáneas desde múltiples aeronaves, lo que reduce la posibilidad de errores individuales. Informes oficiales del Pentágono reconocen que un número significativo de estos fenómenos no ha podido ser identificado, incluso tras exhaustivos análisis.
Aunque las autoridades insisten en que no hay pruebas concluyentes de origen extraterrestre, científicos y expertos en defensa admiten que algunos UAP muestran capacidades que superan los límites conocidos de la aerodinámica, como aceleraciones extremas, ausencia de firma térmica y maniobras instantáneas.
Mientras tanto, la presión pública y científica crece, y la pregunta persiste:
¿Estamos ante tecnología secreta, fenómenos naturales desconocidos o algo que desafía nuestra comprensión del cielo?
/psg



