El alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, ha consolidado su rol como una figura de permanente fricción interna para la administración del Presidente Gabriel Boric. Sin embargo, sus recientes declaraciones han catalizado un momento bisagra, tensionando hasta el límite la lealtad de los ministros militantes del Partido Comunista (PC): Nicolás Cataldo (Educación), Camila Vallejo (Segegob) y Jaime Gajardo (Justicia).
Desde su arresto domiciliario, Jadue lanzó una acusación directa contra Vallejo y Gajardo, implicándolos en un supuesto «montaje» judicial que lo mantiene formalizado por el caso Farmacias Populares. Este episodio colmó la paciencia de los secretarios de Estado, quienes, a través de una misiva dirigida a la directiva del PC, exigieron una retractación, evidenciando una ruptura irreconciliable con quien fuera su abanderado presidencial en 2021.
La disputa trasciende lo personal y devela la profunda fractura ideológica al interior del comunismo chileno. Jadue representa al sector ortodoxo, mientras que los ministros —quienes han moderado públicamente sus posturas, incluso respaldando la caracterización de Cuba como dictadura— encarnan una corriente adaptada a las dinámicas de la coalición de gobierno. Esta grieta se exacerbó cuando los ministros articularon apoyo interno para la candidatura presidencial de Jeannette Jara por sobre la de Jadue.
La Crisis Expansiva: El Terremoto en el Socialismo Democrático
Paralelamente, una crisis de magnitud superior estremece los cimientos de la coalición oficialista. El Partido Socialista (PS), tras ser públicamente cuestionado por el PC y el Frente Amplio (FA) por su apoyo a la ley Nain-Retamal, ha decidido congelar su participación en la alianza gubernamental. La reacción no es un gesto aislado, sino la culminación de un acumulado histórico de desencuentros.
La senadora y presidenta del PS, Paulina Vodanovic, fue categórica al señalar que el PC y el FA «ya son oposición de su propio gobierno», marcando un punto de no retorno. La molestia socialista se agravó por la respuesta del Presidente Boric, quien en una entrevista desligó al Ejecutivo de la ley, una posición interpretada como una dejación ante los ataques de sus aliados. Esta percepción de abandono ha llevado a dirigentes socialistas a plantear, sin veto de la timonel, una reflexión sobre la permanencia del partido en el gobierno a menos de dos meses de su término.
La reacción en cadena no se hizo esperar: el PPD y el Partido Radical se sumaron al congelamiento de actividades conjuntas, mientras el Partido Liberal entró en un proceso de reflexión. La alianza, en la práctica, se disuelve antes del fin del mandato.
Conclusión: El Desarme de una Coalición Histórica
Estos episodios concurrentes —la guerra interna en el PC y la fractura con el PS— exponen el desarme terminal de la coalición que llevó a Boric al poder. Lejos de ser incidentes aislados, representan la cristalización de tensiones estructurales entre pragmatismo de gobierno y ortodoxia ideológica, y entre la lealtad partidaria y la autonomía ministerial. El ocaso del ciclo político se precipita, no por la oposición externa, sino por la implosión de sus propias bases, reconfigurando el mapa de la izquierda chilena en vísperas de un nuevo gobierno.
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