Habrá todo tipo de reacciones buscándole “la quinta pata al gato” al fallo del Cuarto Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Santiago que absolvió al Carabineros Claudio Crespo, quien había sido imputado por las lesiones que, durante el estallido delincuencial de octubre del 2019, dejaron ciego al hoy diputado electo Gustavo Gatica (IND-PC). Pero al final se hizo justicia… el Carabinero terminó siendo inocente.
Es importante que nuestros contertulios tengan claro que la acción de Carabineros en la ocasión no constituyó una provocación a manifestantes pacíficos, sino una respuesta ante agresiones letales, agotando todos los medios antes de recurrir al uso de la escopeta, conducta que contrasta con la violencia ofensiva y agresiva de los manifestantes.
El fallo es categórico: la acción de carabineros, en esta como en muchas otras ocasiones, se encuentra amparada en la ley, pues representa el ejercicio legítimo del derecho de defensa ante una agresión ilegítima y letal. ¡Más claro echarle agua!
Dicen que la verdad y la justicia tardan, pero siempre llegan. Tal vez no lo hacen a la velocidad que exige el dolor, ni en el momento que reclama la ira, pero avanzan. Por lo mismo, vale la pena no renunciar a la verdad ni abandonar la idea de lograr justicia.
Tal es el caso de Julia Chuñil Catricura, presidenta de la comunidad Putreguel de Máfil. Por mucho tiempo se habló de un crimen relacionado con su calidad de medioambientalista de la zona de Valdivia; el presidente Boric y Camila Vallejo intervinieron, conjeturando respecto al crimen, en circunstancias que la fiscalía dictó órdenes de detención de los tres hijos de Chuñil, y de su exyerno, como inculpados. Una vez más “el Presidente se pisó la guasca”.
Tampoco se nos puede olvidar el bullado caso del Cabo Zamora, que fue instrumentalizado mediáticamente por la izquierda y el gobierno. Caso que se volvió icónico del estallido social. Juzgado por lanzar a un joven desde el Puente Pío Nono en 2020, finalmente el Cabo Zamora fue declarado inocente, permitiendo su reincorporación a Carabineros.
Y si de casos emblemáticos en contra de Carabineros se trata, baste recordar todo lo que se dijo cuando, en Panguipulli, el cabo González abatió a tiros al malabarista Francisco Martínez, luego que éste se abalanzara hacia el uniformado con sendos cuchillos de malabarismo descritos como «armas blancas». Resultado del caso: la Corte Suprema confirmó que el uniformado actuó en legítima defensa, y que no se le podía imputar un delito.
Oh paradoja: según esta modesta pluma, quien proclamaba la necesidad de desarmar y refundar Carabineros de Chile terminó haciendo todo para que esa institución recuperara el respeto y el reconocimiento de la comunidad. En el afán de destruirla, la fortaleció; en el intento de desprestigiarla, la hizo más querida y respetada por la sociedad. A veces, las peores intenciones resaltan la fortaleza de una institución y la vigencia de sus valores.
Por Cristián Labbé Galilea
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