Entre 1981 y 1993, Pilar Cox fue uno de los rostros más influyentes y reconocibles de la televisión chilena. Condujo espacios de alto impacto como Martes 13, participó en teleseries y se consolidó como una entrevistadora de prestigio, rol que la llevó a dialogar con figuras internacionales de primer nivel, entre ellas Julio Iglesias, en pleno apogeo de su carrera artística.

En conversación reciente con El Mundo, Cox relató que su primer encuentro profesional con el cantante, realizado en Brasil, se desarrolló sin mayores contratiempos. En ese contexto inicial, recuerda a Iglesias como cercano y cordial, aunque con una actitud seductora que, según su relato, no sobrepasó los límites. Esa primera impresión, sin embargo, cambiaría de manera abrupta en un segundo encuentro, esta vez en Chile y en el marco de una grabación televisiva.

De acuerdo con su testimonio, durante ese programa Iglesias se habría levantado de su asiento, se acercó a ella y le dio un beso en los labios. Cox intentó desviar el gesto ofreciendo la mejilla, pero el cantante insistió y la habría abrazado contra su voluntad. La animadora salió del set llorando, en una escena que quedó registrada por las cámaras, aunque sin un abordaje posterior acorde a la gravedad de lo ocurrido.

Pese a que el episodio fue grabado, Cox explicó que durante más de tres décadas no logró verbalizar públicamente lo que sintió. Recién en agosto del año pasado se atrevió a decir en pantalla que se había sentido “agredida”, sin imaginar que meses después se produciría una denuncia contra Iglesias, lo que reactivó su propio proceso de reflexión y memoria.

“Guardé silencio por vergüenza y miedo”, ha señalado en entrevistas recientes. En ese momento estaba casada, tenía hijos pequeños y temía que la situación fuera malinterpretada, con consecuencias personales y legales. Según Cox, el contexto cultural de la época —profundamente machista y jerárquico— no solo relativizaba este tipo de episodios, sino que además dejaba a las mujeres sin respaldo ni herramientas para defenderse frente a figuras de poder.

La exconductora detalló que, tras el incidente, permaneció escondida cerca de media hora y que luego fue presionada para volver al estudio y cerrar el programa. “No quería seguir, no quería nada con él”, recordó, agregando que incluso recibió flores del cantante, un gesto que lejos de aliviar la situación incrementó su angustia.

Con el paso de los años, ese episodio se transformó en una carga silenciosa. Cox asegura que la humillación y la culpa la acompañaron durante décadas, afectando profundamente su vida personal y emocional. “Nadie me defendió. Él era Julio Iglesias y yo no”, afirmó, subrayando la asimetría de poder que marcó el desenlace del hecho.

Hoy, sin embargo, sostiene que no está dispuesta a callar nuevamente. Asegura que, si existiera una instancia judicial relacionada con el caso, estaría dispuesta a sumarse. “Quiero que sepa cómo me sentí”, remarcó, transformando su testimonio en una reflexión tardía pero contundente sobre el silencio, la violencia simbólica y las deudas pendientes de una industria que durante años normalizó lo inaceptable.

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