Un momento de alta tensión marcó la tercera noche del Festival del Huaso de Olmué, apenas minutos después de iniciada la presentación de León Murillo. En su debut sobre el escenario del Patagual, el comediante estuvo cerca de ser devorado por el temido “Monstruo”, en un episodio que evidenció los riesgos de apostar por un humor anclado en la contingencia.
El quiebre se produjo cuando el denominado Tata Comedia decidió abordar temas políticos y de actualidad, mencionando las elecciones presidenciales ganadas por José Antonio Kast. De inmediato, una parte significativa del público manifestó su rechazo con pifias y gritos, entre ellos un categórico “¡Sal de ahí!”, mientras la silbatina crecía en intensidad. “¡Cuenta chistes, hombre!”, reclamó otro asistente, reflejando la incomodidad que se apoderó del ambiente.
No obstante, tras varios minutos de tensión, Murillo logró recomponer la relación con el público. Con manejo escénico y lectura del contexto, dio vuelta la situación hasta transformar los abucheos en aplausos. El desenlace fue incluso favorable: luego de recibir el reconocimiento de los animadores por su presentación, el público le pidió un bis, sellando una actuación que fue de menos a más.
REVIVA LA RUTINA DE LA POLÉMICA
La experiencia no pasó inadvertida para el humorista, quien abordó el episodio en la conferencia de prensa posterior a su show. “Fuimos de menos a más, efectivamente. Y hay que hacerse cargo de situaciones que son reales. Hubo gente que ciertas ideas no les parecieron afines, que no le parecieron simpáticas. Y que tenían que ver también con la política. Y eso está muy bien”, señaló en primera instancia.
En esa misma línea, Murillo profundizó en su propuesta artística: “Yo soy un tipo que hago contingencia, hablo de política, y tengo súper claro que cuando uno abraza esta forma de hacer humor, y es la única forma que yo sé hacer, como me interesa hacerlo, está este tipo de posibilidades. Y bueno, es parte de la pega y está muy bien que así sea”. Incluso, destacó como un aspecto positivo la reacción del público: “Me parece fenomenal que la gente tenga hoy en día la posibilidad de expresarse. Desde el público. Y eso yo lo recibo de la mejor manera”.
El comediante comparó lo vivido en Olmué con el circuito habitual del humor en vivo. “Lo que sucede esta noche es lo mismo que sucede en cualquier bar, donde uno muñequea, guerrea, lucha, y al final sale airoso. Yo me voy con una muy buena sensación”, afirmó, restándole dramatismo al impasse.
Consultado nuevamente sobre el episodio, Murillo fue claro en asumir los riesgos de su estilo. “Son adversidades que son propias. Cuando uno hace comedia con un punto de vista, uno toma riesgos, y yo estoy siempre dispuesto a tomar los riesgos. Ahora, mañana y siempre”, recalcó.
Finalmente, al ser interpelado por una eventual autocrítica, el humorista optó por una reflexión más amplia. “Más allá de la eficacia de la rutina, que sin duda, me hubiera encantado que hubiera sido distinta, partamos de eso… pero uno tiene que entender que este tipo de situaciones, en estos festivales, funcionan en tres dimensiones y es importante que lo tengamos claro”, planteó.
Según explicó, la primera dimensión corresponde al público presente en el lugar; la segunda, a quienes siguen el espectáculo desde sus casas; y la tercera, a quienes comentan en redes sociales. “Entonces difícilmente uno puede agradarle a todos”, sostuvo. En ese marco, concluyó que “la función de uno como artista, como comediante, como ser humano, es tratar de ir, de respirar lo que está sucediendo en el inmediato, al público de acá. Y el público de acá obedeció a los estímulos y se rió en su gran mayoría”.
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