Un coctel mortal sería entonces, siguiendo la lógica de Meléndez, juntar el odio al modelo económico con el odio a la política.

Quizá algo de eso hay en el regreso del voto obligatorio, devolverle legitimidad a un sistema devaluado.

O como apunta Josefina Araos, reconocer “un deber compartido”.

Sea así o no, para Pepe Auth el voto obligatorio adelanta un cambio copernicano en la política chilena.

“Será”, según él, “un amortiguador de la polarización política” y obligará a “sintonizar con el sentido común” para sumar votos.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera por Juan Paulo Iglesias

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