Entre todas las emisiones que recibimos de ‘ahí fuera’, las ráfagas rápidas de radio ( FRB por sus siglas en inglés, Fast Radio Burst), son sin duda las más misteriosas e impresionantes. De hecho, se trata de las señales más escurridizas y potentes jamás detectadas en el espacio, y aunque duran apenas unos pocos milisegundos pueden generar, en ese breve tiempo, la misma cantidad de energía que 500 millones de soles. Imposibles de predecir, no se sabe ni cuándo ni dónde aparecerán, por lo que la única forma de detectar un FRB es estar observando el cielo continuamente. Hasta el momento, y aunque se han propuesto varios candidatos, no se ha logrado averiguar qué clase de objetos podría ser capaz de producir ondas de radio de tan extraordinaria intensidad.

Y ahora, de nuevo, los astrónomos se han topado con algo que nunca antes habían visto. Se trata de un FRB, pero a diferencia de los demás conocidos, sus explosiones y tremendos ‘disparos’ de energía se producen de forma contínua. En concreto, un equipo de investigadores de la Academia de Ciencias China, el Instituto Max Planck de Radioastronomía y las Universidades de California, Cornell, Las Vegas, Nanjing y Guizhou, logró captar hasta 1.652 ráfagas de energía durante las 60 horas que duró su observación. Algo que no tiene precedentes. Sus conclusiones se han publicado hace unos días en ‘Nature’.

El misterioso objeto, conocido como FRB 121102, se encuentra en una galaxia enana a 3.000 millones de años luz de distancia. La mayoría de los FRBs solo emiten energía una vez, pero en los últimos años se han detectado varios que son capaces de hacerlo repetidamente. Es el caso de FRB 121102, que ya era conocido y que los astrónomos decidieron estudiar más a fondo con el Radiotelescopio Esférico de 500 metros de apertura (FAST, por sus siglas en inglés), ubicado en China y uno de los más sensibles que existen, capaz de detectar cosas que otros instrumentos pueden haber pasado por alto.

117 explosiones por hora

Nadie esperaba que la campaña de observación, de 60 horas de duración, fuera a revelar sorpresas. Se trataba más bien de algo rutinario, una simple recopilación de datos sobre ese FRB en particular. Pero para asombro del equipo, los investigadores vieron cómo durante esas 60 horas FRB 121102 explotaba 1.652 veces, llegando a un ritmo frenético de hasta 117 explosiones por hora, algo que supera con mucho lo observado en cualquier otro FRB con anterioridad.

La inmensa mayoría de los FRB se producen a distancias enormes, lo que dificulta su estudio. Pero hace poco más de un año, un equipo de astrónomos consiguió detectar uno dentro de nuestra propia galaxia, y determinar (por primera vez) que la fuente era un magnetar, un raro tipo de estrella de neutrones con un potentísimo campo magnético. No se sabe, sin embargo, si todos los FRB podrían ser también magnetares, ni tampoco cómo un magnetar puede dar lugar a un FRB.

Si FRB 121102 fuera un magnetar, el estudio de ‘Nature’ sugiere que todas las ráfagas explosivas detectadas estarían ocurriendo directamente en la superficie de ese cadáver estelar, y no en las nubes de polvo y gas circundantes. Pero no existe ningún mecanismo conocido capaz de explicar tantas explosiones tan potentes y tan seguidas, a un ritmo que en este objeto llegó a ser, en sus momentos de mayor actividad, de una vez cada pocas milésimas de segundo. El magnetar detectado en 2020 en nuestra galaxia ni siquiera se aproxima a algo parecido, por lo que los investigadores reconocen que, a día de hoy, siguen sin saber qué es lo que podría estar produciendo una cantidad tan descomunal de energía.

/psg