En esta columna les invito a que revisemos, en un acto de introspección, nuestras conductas “mal llamadas amorosas”, ya sea, en relación a nuestra pareja, a nuestros hijos, y/o al mundo en general, y para que junto a su pareja y/o familia comenten y discutan ésta como una forma de mejorar nuestra calidad de vida.

Como el “amor” y/o las relaciones neuróticas, han sido tema recurrente de nuestras columnas, las cuales, si es que no las han leído, les incorporo los links para tal efecto:

 

 

 

Sé que estas temáticas no los encontramos en nuestro día a día, porque parece ser que tenemos miedo de mirarnos y horrorizarnos con la “imagen que veremos reflejada en el espejo”.  Sin embargo, el caos de la sociedad, producto del tipo de interacción familiar que subyace en el mundo de hoy, me obliga a intentar ser la voz que clama en el desierto.

Aprovecho de agradecer, el que marquen tal alta preferencia por mis columnas, que están en forma y contenido, dirigidas a los realmente interesados en aprender e intentar superarse en tanto y en cuanto a seres humanos afectivos y sexuales. Les invito a comentar y compartir si así lo estiman.

Comenzaré, precisamente definiendo a lo que el común de la gente llama amor o relación amorosa, cuando en realidad, dista mucho de cumplir con los requerimientos básicos de este:

EL “AMOR” QUE EN SU CONJUGACIÓN:

  • Recluye y absorbe íntegramente al ser amado;
  • Que al mismo tiempo se le entrega y une plenamente;
  • Que virtual o realmente nada quiere, exige o desea;
  • Que acepta la última consecuencia del eros, y que, termina siendo poseído por el ser amado, en el éxtasis de las delicias que ofrece la cúspide en el clímax del eros;
  • Pareciera ser, que este “amor”, que es exaltado y anhelado por todo el mundo;
  • Que es simbolizado para la gran mayoría, como el que reúne de manera ideal dentro de sí la relación amorosa positiva, sumándole la satisfacción de la pasión, es, sin embargo, desafortunadamente, para nuestro desencanto, todo lo contrario, al amor.

El apotegma de la felicidad parece consistir en la posesión, en el dominio de este ser anhelado, así como en su goce completo y total.

POSESIÓN NEURÓTICA

Quien anhele poseer por completo al ser amado, así como apoderarse de él, con el fin exclusivo de:

  • Dominarlo;
  • Obtener sus reivindicaciones neuróticas;
  • Esto es, que busque en su pareja y/o hijos un “certificado” de valor jamás obtenido en su infancia;
  • Es decir, que busque compulsivamente que ellos le “recreen” de otra manera una infancia infeliz;
  • Buscar exclusivamente el momento del éxtasis que le desestatifica y que elimina toda diferenciación, y/o;
  • Que sosiega o aquieta sus ansiedades e inseguridades;
  • Su miedo a la soledad;
  • A la incertidumbre;
  • A la ambigüedad del devenir mediante la posesión neurótica del otro;
  • Parece ser, que la que atesora, como ninguna otra el “objeto amado”, es la que más intensamente ama.
  • Puedo afirmar, que, sin embargo, es precisamente ésta la que pierde el amor. ¿Por qué? se preguntarán siguiendo el hilo de nuestro planteamiento.
  • La respuesta la encontramos en nuestra propia experiencia interior, ya que, sabemos que el “amor” que se ha disfrutado, produce continuamente un nuevo deseo insatisfecho respecto del objeto deseado y apropiado de una pasión apenas consumada.
  • Por lo mismo, el instinto aparea una y otra vez a los compañeros sexuales, lo que bajo ningún punto de vista es negativo por sí mismo, pero si no está acompañado de ternura, de la capacidad altruista de dar algo mas que placer,

COMPULSIVAMENTE SE REPITEN ETERNAMENTE:

  • El deseo;
  • La atracción;
  • El acercamiento;
  • El clímax, el orgasmo;
  • Encontrándonos con un gran vacío, y, entonces, se nos aparece

EL SEXO COMO ACTO COMPENSATORIO DE LA INCAPACIDAD DE AMAR

La dominación y posesión del otro me reivindica momentáneamente, me calma, hace desaparecer por un instante, la soledad, los miedos y las angustias, pero sus consecuencias son infaustas, ya que:

  • Destruye al otro;
  • Lo minimiza;
  • Lo reduce a su mínima expresión;

A uno lo sosiega, pero, al otro, finalmente le sofoca y le genera:

  • Resentimiento;
  • Angustia y,
  • Poco a poco, va fragmentando el “encantamiento”, emergiendo el deseo de “no estar”.

Debemos entender y comprender que la fórmula para “mantener” junto a nosotros al otro es muy sencilla, una relación normal nos acerca, una no normal, nos aleja, ese es el signo.

Todo esto nos lleva a determinar, que:

  • Existe un amante físico y,
  • Un amante psicológico.
  • Ambos deben complementarse, pero, únicamente el amante psicológico sabe amar, solamente este acepta la co-existencia, la comunión, el com-partir, en suma, respeta la individualidad del otro.

EL AMANTE PSICOLÓGICO NO EVOLUCIONADO:

  • Manipula;
  • No sabe dar ni recibir afecto en forma “normal”;

Al igual que el niño, puede:

  • Manipular
  • Inventar dolores;
  • Atacar;
  • Inspirar lastima;
  • Retener inconscientemente una enfermedad;
  • “Victimizarse”;
  • “Creerse dueño de la verdad”;
  • Intentar seducir;
  • Chantajear;
  • En suma, interacciona en el “amor” desde regresiones y/o fijaciones infantiles.

LA INDlFERENClA

Si ya estamos en una relación que dista de ser normal, donde en vez de amor, tenemos como eje lo neurótico instaurado, una de sus posibles formas de interacción, será la indiferencia.

Ella es agresividad reprimida. Es de alguna manera, la “neutralización” de nuestra agresividad y de nuestros sentimientos de amor.

Estos aparentes exangües, –los indiferentes- son vivos aletargados, cegados para con ellos mismos, revestidos de una supuesta frialdad, que, como traje de disfraz, oculta su gran inhabilidad amatoria adulta y normal.

SU CONTRAPARTE:

  • Estar “loco” “el uno por el otro;
  • “Eres el aire que respiro”;
  • “Sin ti no podría vivir”,
  • No nos habla de amor, nos habla del grado de soledad en que nos encontrábamos, antes de la aparición, del encuentro con esa otra persona. Fromm

“AMOR” EN LA INTERACCIÓN MADRE HIJO

Dije al comienzo, que indagaremos el “no amor” en sus distintas expresiones, pues bien, una de ellas, quizás la más fundamental, la que aparte de otros múltiples factores, será, la más determinante, es la interacción madre-hijo.

  • En el campo de la maternidad, nos encontramos con aquellas madres que creen que “amar” es sinónimo de sobreprotección;
  • Hay otras que se “apoderan” de su hijo-a (s);
  • Promueven, indiscutiblemente, una relación simbiótica que esclaviza a ambos, y que impide la maduración;
  • Por consiguiente, afectan la autonomía de vuelo y la capacidad para la verdadera intimidad presente y futura en sus hijos.

Ya decía Fromm, que la “separatidad” del hijo la transitaban con éxito, solo las madres que tenían una vida propia.

LA INANIDAD DE LA SOBREPROTECCIÓN

Debemos entrever entonces, que no existen razones sanas para la sobreprotección, ya que, todo acto que anule e invalide la individualidad del otro, habla de la insania del que la ejecuta, al igual que con los actos de dominación, de posesividad. 

  • Estos niños están afectiva y moralmente “poseídos” por el padre o madre que lleva a cabo tal acto.
  • Castrados desde la perspectiva psicoanalítica
  • Víctimas de la solicitud ansiosa de la madre, queda pegado a su falda, fijado a sus maneras de ser.
  • Debo señalar que algo similar ocurre en el hijo que es demasiado exigido o dominado por padres perfeccionistas, me refiero, sobre todo, a la castración.

Como nuestro análisis versa sobre lo que no es amor, es decir, de aquello que revestimos de la palabra, PERO SIN CONJUGAR EL VERBO, nos encontramos, por lo tanto, que lo que subyace en todo esto, es todo lo contrario, incluyendo el rechazo absoluto por el hijo (a).

 LO QUE SUBYACE EN LA CONDUCTA DE LOS PADRES SOBREPROTECTORES:

Los padres egocéntricos:

  • No pueden soportar la angustia que les provoca el pensar que a sus hijos les pueda suceder algo grave, y que “mamita y papito no estarán allí para cuidarle”;
  • Es decir, no les mueve de verdad el amor o cuidado del niño, es la expresión de la búsqueda de la propia tranquilidad, aunque eso signifique la infelicidad del niño.
  • Disfrazan de amor sus actos, apoyándose en la frase, “donde mis ojos te vean” malogrando todo paseo, acto de diversión, salidas;
  • Incluyendo en sus actos el que tampoco acompañaran a sus hijos, lo que “solucionaría el problema”, dado que eso también es una incomodidad, “es pedir demasiado a personalidades narcisistas”
  • Existen los que rechazan y detestan a sus hijos, que son hijos no deseados y que para esconder de sí mismos sus pensamientos y deseos agresivos contra ellos, los sobreprotegen para no “descubrir” los verdaderos sentimientos.

CASO DE ADOLESCENTE Y ESCUELA PARA PADRES

Un día, en la búsqueda de colegio para mi hijo, estando en el auditórium del Giordano Bruno, intervengo por x razón. Una vez terminada la charla, voy caminando, cuando siento una voz que exclama, “Víctor, Víctor de Escuela para Padres”, giro en dirección de la voz, y escucho a una adolescente decirle a una amiga, “es él”, “es él”. Se me acerca y me comenta: “Quiero darle las gracias ya que junto a mi madre escuchamos su programa en Radio Gigante, en su Escuela para Padres, el tema de la sobreprotección . Mi madre comprendió por qué teníamos tantos problemas. De hecho, lo grabamos y escuchamos detenidamente y lo conversamos y discutimos. Después de eso, nuestra relación cambió, nos llevamos súper bien ahora, ya que, ella entendió lo que me pasaba y lo que estaba alterando nuestras interacciones.  Gracias, muchas gracias.

Espero, que esta columna cumpla funciones similares.

NO OLVIDEMOS QUE

  • Cada vez que abusamos;
  • Cada vez que golpeas a tu hijo (a);
  • Zarandeas psicológicamente a tus hijos o pareja;
  • Cada vez que ignoras al necesitado;
  • Cada vez que te burlas del débil en vez de fortalecerlo;
  • Cada vez que te suicidas lentamente con el alcohol, las drogas, el tabaco o la comida;
  • Destruyes lo circundante a ti y,
  • Destruyes el mundo;
  • SIGNIFICA QUE NO SABES AMAR, O PEOR AÚN, NO AMAS, NI SIQUIERA A TI MISMO.

COROLARIO

Es imprescindible que tengamos un Satori, un despertar, puesto que, todo lo descrito, ya sea, respecto a nuestras interacciones de:

  • Pareja;
  • Parentales;
  • Contigo mismo y,
  • Con el mundo;

 Están lejos del concepto y de la praxis que esperamos encontrar en un amor maduro y sano.

Debemos comenzar a educarnos sobre el amor, el ser humano es producto de la experiencia y el aprendizaje y esto lo traducimos en actos que expresan, mediante el lenguaje, el constructo lingüístico que nos contiene.

Somos un constructo lingüístico, parafraseando a Heidegger: “La palabra es la casa del ser y la morada de la esencia del hombre”

Y se le ha dado al hombre el más peligroso de los bienes, el lenguaje… para que muestre lo que es”.

El devenir esta en nuestras manos, debemos abandonar las “creencias mágicas” ; el atribuir a los dioses o el destino lo que somos, debemos hacernos cargo de nosotros mismos, eligiendo la opción de la sanidad y el equilibrio por sobre lo pre-determinado que existía antes de nosotros.Tenemos creencias al respecto que no resisten el análisis.

El hombre habita en sus creencias (sforzini)

/gap