“Esta es la peor sequía de la historia. En julio llovió 0,6 mm y no tuvimos acumulación de nieve. Estamos con peores indicadores incluso que en 2019″, señaló este miércoles Alfredo Moreno, ministro de Obras Públicas, desde el Embalse El Yeso, la principal reserva de agua de Santiago, ante el anuncio de Alerta Temprana Preventiva por escasez hídrica.

El llamado “Día cero”, metáfora para referirse al momento en que ya no llegará agua a la llave, llegó hace varios años ya a vastos sectores rurales de la zona central. “Cientos de miles de chilenos reciben agua actualmente de camiones aljibes, y por lo tanto tienen un acceso limitado”, explica Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago.

La situación no es para nada prometedora en la Región Metropolitana, la zona central y buena parte de Chile. El cambio climático y el calentamiento global han generado una situación que cada día se vuelve más compleja. A nivel nacional, los embalses se encuentran a menos de la mitad de su promedio histórico y acumulan un total de 3.645 hectómetros de agua, es decir, solo un 28% de su capacidad.

¿Qué tan lejos estamos de llegar a un temido “Día Cero”? Situación que casi vivió en carne propia Ciudad del Cabo en Sudáfrica y Baja California Sur en EE.UU.

Óscar Mercado, director del Programa de Sustentabilidad de la Universidad Tecnológica Metropolitana, considera que es una pregunta de difícil respuesta. “No podemos saber a ciencia cierta en cuántos años más sucederá, solo sabemos que sucederá, dado que las precipitaciones en la zona central seguirán disminuyendo y la acumulación de nieve en la cordillera, la fuente principal de agua de Santiago, es cada vez menor. En algún momento será insuficiente para surtir de agua a la población”.

Ciudad del Cabo en Sudáfrica estuvo cerca de quedarse sin una gota de agua. Un plan en conjunto entre la ciudadanía y las autoridades logró revertir momentáneamente la situación.

El presente año ha estado marcado por constantes récords. Altas temperaturas y déficit de precipitaciones dan cuenta del invierno más cálido y el segundo más seco de la historia en Santiago. Julio, por ejemplo, alcanzó el promedio de temperaturas más alto para este mes en la capital desde que hay registro. Además, el déficit de lluvias es de 50% en la zona central y 84% en la Región Metropolitana, considerando el invierno meteorológico.

El Atlas de Riesgo Climático (ARClim), plataforma desarrollada por el Ministerio del Medioambiente para analizar escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero, proyectó que los impactos del cambio climático en Chile se acentuarán para el período 2035-2065, anunciando que existen lugares que necesitan trabajar desde hoy en planes de adaptación.

Cordero establece que la situación es diferente para los chilenos que viven en zonas urbanas. “Afortunadamente para ellos no hay restricciones de agua a la vista y el suministro de agua potable está asegurado para la próxima temporada estival. Es poco probable además que a las grandes ciudades del centro de país les llegue al día cero, pues el país ha demostrado en el caso de zonas urbanas una gran capacidad de adaptación”.

El clima estable de los últimos 12.000 años cambió

Los efectos del cambio climático están a la vista, “y cada día más claros y evidentes. En Chile su efecto más claro es el cambio en el clima, que nos ha llevado a una sequía muy prolongada. El problema es que no es una sequía como las antiguas, que eran años de poca lluvia seguidos de años lluviosos. Ahora, según todos los modelos predictivos, los años lluviosos no volverán y tendremos más que una sequía, un cambio de un clima mediterráneo a un clima semidesértico”, establece el académico de la Utem.

También están a la vista los enormes incendios que en estos días se están produciendo en el hemisferio norte, producidos por olas de calor que rompen récords, como sucedió recientemente en Grecia. “Mes a mes la temperatura alcanza nuevos récords en el planeta en todas sus latitudes, incluyendo los polos, y eso es un efecto claro del cambio climático”, añade Mercado.

Esta realidad afecta a distintos puntos del país. En Petorca por ejemplo, se registra la peor sequía en 700 años, con los valores promedio más bajos del caudal de los últimos 5 a10 añosMiles de personas deben vivir a diario con menos de 50 litros de agua, la mitad de lo que la OMS recomienda como mínimo.

El déficit de lluvias es de 50% en la zona central y 84% en la Región Metropolitana. FOTO: RICHARD ULLOA / LA TERCERA.

Las olas de calor tendrán una mayor ocurrencia en la zona centro norte, entre Coquimbo y Ñuble, en los valles interiores y sectores precordilleranos. También se espera reducción de precipitaciones, que afectará la zona centro-sur, desde la Región Metropolitana a la Araucanía con su centro en el Maule, Ñuble.

Cordero explica que a pesar de la larga e intensa sequia que afecta al país, “Chile puede sentirse satisfecho de haber podido hasta la fecha garantizar el suministro de agua a las grandes ciudades. No ha sido una labor sencilla ni barata, pues se ha debido construir en tiempo récord nueva infraestructura (incluidos nuevos pozos y nuevos estanques). Por supuesto, los usuarios finales tendremos que asumir eventualmente el costo de esta nueva infraestructura, pero al menos al abrir la llave aún tendremos agua”.

Sin embargo, la situación en los próximos años será cada vez más preocupante, el cambio climático se vigorizará sin duda alguna y las consecuencias de los gases de efecto invernadero, principales generadores del cambio climático, ya acumulados en la atmosfera, durarán décadas. “No se puede esperar una mejora pronta en los efectos adversos del cambio climático, debemos aprender a vivir con él y por ello es tan importante pensar en estrategias de mitigación y adaptación a sus efectos. El clima estable bajo el cual la humanidad formó ciudades y estilos de vida, que nos acompañó en los últimos 12.000 años, ya cambió y eso llegó para quedarse, obligándonos a adaptarnos”, establece Mercado.

La situación es muy diferente para los habitantes de zonas rurales, “que han debido poner restricciones en el acceso al agua para consumo humano pero también para sus actividades agrícolas. Con los habitantes de zonas rurales, el país está en deuda”, añade el climatólogo de la Usach.

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