Fue una advertencia que entregó el presidente del Banco Central (BC), Mario Marcel, ante los senadores de la Comisión de Constitución: uno de los impactos que están generando los retiros de los fondos de pensiones es un fuerte incremento de la salida de capitales. “Las salidas de capitales han aumentado significativamente desde el comienzo de la crisis del Covid, pero especialmente desde comienzos de este año. Ese aumento se concentra especialmente en empresas y hogares”, dijo el timonel del ente rector en esa ocasión.

Y de acuerdo a las propias cifras del BC, esa salida bruta de recursos alcanzó a unos US$ 50 mil millones en los últimos 24 meses móviles terminados a agosto de este año. Se trata del monto más alto en una década y sólo superada por los US$ 53 mil millones de mayo de 2011, aunque con una composición muy distinta.

A su vez, de ese total, como lo resaltó Marcel, el grueso corresponde a empresas y hogares. A la misma fecha ese segmento ha expatriado US$ 24 mil millones, el peak desde que existen cifras comparables, que comienzan en 2003. El resto de las salidas tiene que ver con movimientos del Banco Central, de los bancos comerciales y de otras sociedades financieras (ver infografía).

Esta composición y tendencia, a juicio de economistas consultados, es resultado de la mayor incertidumbre política, económica e institucional que existe en el país, y que ha motivado a que las personas de alto patrimonio hayan comenzado a retirar sus recursos y llevarlos al exterior para tener una cartera de inversiones más diversificada y no tan expuesta a Chile, como lo era en el pasado.

De hecho, la salida de capitales de hogares y empresas tuvo un primer salto unos meses después del estallido social de octubre de 2019. Si bien en noviembre y diciembre de ese año se mantuvo en torno a los US$ 3 mil millones -siempre en los 24 últimos meses móviles-, en enero de 2020 se aceleró y subió a US$ 9 mil millones. Luego, el registro del BC muestra un alza constante desde julio de 2020 y en abril de este año la cifra rompió la barrera de los US$ 20 mil millones.

Felipe Alarcón, economista de EuroAmerica, dice que lo que más se está yendo son recursos de personas que tenían “gran parte de sus inversiones, o en algunos casos, la totalidad, expuestas a Chile, pero que por la situación política comenzaron a diversificar sus inversiones llevándolas para otros países”.

Si se analiza la cifra global de salida de capitales, también sigue esa misma trayectoria. Para el estallido social hubo un aumento de US$ 15 mil millones a US$ 17 mil millones entre octubre y noviembre de 2019. A continuación, desde junio de 2020 esos flujos volvieron a subir, pero la tendencia más marcada comenzó en marzo de este año, pasando de US$ 31 mil millones a US$ 40 mil millones en abril, hasta llegar a agosto a los US$ 50 mil millones. No hay nada mayor desde la primera mitad de 2011, pero con una gran diferencia: en esa época, eran los fondos de pensiones los que lideraban la salida de capitales, con montos que superaban los US$ 20 mil millones en plazos de 24 meses móviles. En cambio, el segmento hogares y empresas fluctuaba entre US$ 12 mil millones y US$ 14 mil millones.

Ahora, en términos netos, es decir, considerando los recursos que salen del país y los que ingresan, a agosto el monto suma US$ 22 mil millones, lo más alto desde mediados de 2015. Pero, otra vez, con las distorsiones que derivan de los tiempos de pandemia: en dos años, los retornos a Chile de fondos son hegemonizados por el gobierno, con unos US$ 18 mil millones, y las AFP, con casi US$ 10 mil millones, por la liquidación de activos financieros para financiar las ayudas por la pandemia, en el primer caso, y los retiros de fondos previsionales, en el segundo caso.

Las razones y los portafolios

Los economistas definen que la salida de capitales ocurre cuando tanto activos como dineros son retirados del sistema financiero y, por lo tanto, de la órbita del Banco Central y de los bancos comerciales de un país. Y obedece principalmente a problemas de inestabilidad política o condiciones económicas poco favorables para los inversionistas.

En el mercado coinciden en dos factores: uno, el estallido social, y dos, la crisis sanitaria y las políticas internas que han generado una mayor incertidumbre, especialmente en lo referido a los retiros de los fondos de pensiones. “El tercer retiro marcó una gran diferencia, que se acrecentó con la discusión y avance del cuarto retiro”, dice un banquero local.

Lo que se ve reforzado por la opinión entregada por Marcel ante los senadores: “Si estos nuevos retiros inducen salidas abruptas de capital, el impacto que eso puede tener sobre la economía ya no es proporcional a los retiros anteriores, va a ser mayor, pero no sólo por el cuarto retiro en sí mismo, sino porque si el cuarto retiro se ve como antesala de un quinto, sexto o un retiro del 100%, ya los agentes económicos no van a esperar a que el retiro se produzca. Van a empezar a actuar en el mercado de capitales mucho antes”.

Para los economistas, lo más preocupante es que no se avizora una fecha de término de esta incertidumbre, ya que el clima político no permite dar certezas a los inversionistas. Las elecciones presidenciales están dominadas por los extremos, y la Convención Constitucional no logra dar tranquilidad a los mercados, opinan expertos y asesores de inversionistas.

Sergio Lehmann, economista jefe de BCI, dice que los US$ 50 mil millones es un monto muy sustancioso que refleja los riesgos que hoy se reconocen para la economía chilena. “Medidas irresponsables, polarización y un pobre debate político han elevado de forma importante la incertidumbre en materia económica, que se manifiesta en toma de posiciones en el exterior de parte de residentes, a modo de refugio”, explica Lehmann.

Sergio Godoy, economista jefe de STF Capital, detalla que si bien hay “muchos factores” que pueden explicar esta salida de capitales, “la incertidumbre institucional, que no está claro si es pasajera o permanente, la reducción de precios de los activos chilenos, un ambiente de inversión deteriorado y mejores oportunidades de inversión en el exterior”, dominan el escenario interno.

El economista jefe de Itaú, Andrés Pérez, complementa el análisis mencionando que “la crisis social generó un shock de mayor incertidumbre de política económica en el país, lo cual ha contribuido a mayores premios por riesgo en los activos chilenos. Ante la persistencia de esta incertidumbre, y la probabilidad de que se materialicen escenarios de riesgo, empresas y hogares han buscado protegerse en activos tradicionales de refugio, tales como el dólar”.

Qué inversión está yéndose

Tomás Izquierdo, economista de Gemines Consultores, enfatiza que “sería miope no observar o no reconocer que la situación política institucional ha cambiado de forma dramática. Pasamos de ser percibido como un país estable en la región, a uno que tiene niveles de incertidumbre importantes”. Izquierdo dice que históricamente los family offices invertían un porcentaje muy alto, entre el 70% y el 80% de sus activos, en Chile, pero eso empezó a cambiar en los últimos 24 meses. “Primero, observamos que los grupos comenzaron a sacar una fracción mayor de sus activos al exterior y después fueron personas de alto patrimonio las que hicieron este ajuste enviando un porcentaje al exterior”, complementa.

Los analistas sostienen que lo que ha predominado es la salida de inversiones financieras, que responden rápidamente a las señales política-económicas. “Lo que ocurra con la inversión productiva dependerá del marco de políticas que se definan para los próximos años. Es de esperar que predomine una mirada responsable, que refuerce los fundamentos de nuestra economía, ofreciendo estabilidad y generando incentivos para nuevas inversiones”, acota Lehmann.

Parte importante de los rebalanceos de portafolio han sido sostenidos en recursos retirados de las grandes empresas: hasta ahora, las compañías listadas en Bolsa han aprobado repartos de dividendos por unos US$ 12 mil millones, el doble de lo registrado en 2020.

Impacto en la economía local

Esta fuga de capitales no es inocua para la economía. Tiene efectos y son los que precisamente ya se están notando. Una de las consecuencias más inmediatas es la depreciación del peso y, por ende, una subida del dólar que hoy lo tiene sobre los $ 800. A ello se suma el aumento en las tasas de interés y su impacto en los proyectos de inversión. “Tal como hemos visto, las tasas de interés suben con fuerza, reconociendo un mayor premio por riesgo, al igual que el tipo de cambio, y se contrae la disponibilidad de recursos para financiar nuevas inversiones. Ello lleva a un menor crecimiento económico, menor empleo y mayor pobreza”, advierte Lehmann.

Godoy, en tanto, apunta que “esto ha implicado un aumento del tipo de cambio que se ha descorrelacionado de los fundamentales externos, como el alto precio del cobre, lo que implica un aumento de los costos importados e inflación; y aumentos de las tasas de interés largas, que ha aumentado el costo de financiamiento local para el gobierno, familias y empresas, lo que tiene un efecto negativo sobre la actividad e inversión que se va a notar particularmente el próximo año”.

Esta semana, un informe de Banchile concluía que “el actual precio del metal rojo justificaría un tipo de cambio en torno a $ 630″. Y el viernes cerró en $ 815.

El apetito por dólares se ha reflejado en un último dato más: el creciente número de cuentas corrientes de personas naturales en moneda extranjera. De acuerdo a cifras de la Comisión para el Mercado Financiero, a julio totalizaban 82.887.

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