Cuando comenzamos un nuevo año con esperanzas de un Chile mejor, en paz y tranquilidad, conmemoramos el natalicio de uno de los grandes en la historia de Chile, nuestro General invicto, el gran
MANUEL JESÚS BAQUEDANO GONZÁLEZ

No es coincidencia que el mismo día en que ponemos todos nuestros buenos deseos para la patria, sea el mismo día en que nace quien vivió para ella, para nuestra bandera, para sus soldados y familias y para sus conciudadanos

Nació en Santiago el 01 de Enero de 1823.
Hijo del general Fernando Baquedano y doña Teresa González
A los 15 años, en la campaña del Perú de 1838-39, se incorporó al ejército con el grado de alférez, después de haber llegado al país del Rímac de polizón en un buque, siguiendo a su padre que era general de ejército.
Siempre en caballería continuó Baquedano pres¬tando sus servicios, en los que se distinguió siempre por su disciplina y por su consagración exclusiva a la carrera militar.
Durante la guerra civil de 1851, que era ya capitán fue ascendido a sargento mayor por el valor desplegado en la sangrienta batalla de Loncomilla.
Por causas políticas, separado del servicio en 1854, bajo la administración Montt, por lo que se dedicó a las tareas agrícolas.
Vuelve cinco años después al servicio en defensa del mismo gobierno del señor Montt, en la revolución de 1859. Pocos años después se le ascendió a teniente coronel.
Estuvo, como todo militar, en la pacificación de la Araucanía.
Es ascendido a coronel en 1872 y a general de brigada en 1876.
Comienza la guerra del Pacífico como comandante del Regimiento Cazadores a Caballo, su unidad de siempre.
General en jefe del ejército en la campaña de 1880 contra el Perú y Bolivia, conduciendo siempre a sus soldados a la victoria.
Venció en Tacna, en Arica, en los Ángeles, en Chorrillos y en Miraflores, entró a Lima, para poder desde allí anunciar a su Gobierno que había dado término a la difícil y gloriosa campaña encomendada a su valor y a su pericia.
Terminada la guerra y promovido al empleo de general de división, el general Baquedano volvió a Chile, en donde se le hizo una grandiosa ovación y recibimiento.
En la revolución de 1891, ya viejo, y separado del mando activo, prefirió asumir una actitud tranquila y expectable, que le ha servido, sin duda, para conservar hasta su muerte, el mismo prestigio de que, ya en 1891 vivía rodeado.
Al terminar la renovación y antes de que el ejército victorioso y la Junta de Gobierno pudieran trasladarse a Santiago, fue designado el general Baquedano para que asumiera en esos días la Magistratura Suprema de la República.
Muere soltero y rodeado por el cariño de sus soldados el 30 de Septiembre de 1897.

Por Mauricio Pelayo González

Un hombre solo muere cuando se le olvida…..