La noche del miércoles un fuerte sismo sacudió Santiago y buena parte de la zona central del país. Ocurrido a las 22.10, alcanzó una magnitud total de 5,3 según señaló el Centro Sismológico Nacional, percibiéndose en seis regiones del país (Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule y Ñuble).

El epicentro se situó 27 km al sureste de Rancagua, Región de O’Higgins, mientras que el hipocentro se posicionó a una profundidad de 114 kilómetros.

Para tranquilidad de la ciudadanía, el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) indicó que “las características del sismo no reúnen las condiciones necesarias para generar un tsunami en las costas de Chile”.

Pero, ¿por qué se sintió tan fuerte y mucha gente lo describió como un “latigazo”?

Según Pablo Salucci, geógrafo de la Universidad Católica y docente Universidad San Sebastián, el evento telúrico correspondió a un sismo del tipo intraplaca, es decir, un movimiento ocurrido al interior de la placa oceánica, a 114 km de profundidad, lo que se considera una profundidad intermedia.

A diferencia de los sismos interplaca o costeros, explica Salucci, estos sismos son menos habituales en el registro, pero poseen un alto potencial de riesgo, ya que al ocurrir al interior de la placa, pueden registrarse justamente debajo de las ciudades ubicadas en la depresión intermedia, como es el caso de nuestro país.

A la fecha, este sismo, llamado principal, ha tenido un comportamiento bastante particular, ya que no ha generado mayores réplicas.

Esta situación y dependiendo de la profundidad del sismo, influye directamente en cuanto se “disipa” la energía proveniente del epicentro, ya que a menor profundidad la onda tendrá una menor disipación. “Este componente del sismo, explica la razón de que el movimiento se sienta como un ‘látigo’, ya que ocurre inmediatamente debajo del valle, a diferencia de los sismos costeros cuyas ondas deben viajar desde esa área hacia los valles, lo que se traduce en que el movimiento se sienta de forma mas “oscilatoria”, en particular cuando pasan las ondas sísmicas superficiales”, añade el geógrafo.

¿Hace cuánto tiempo no se sentía un evento telúrico de estas características? “Los sismos intraplacas en nuestro país, poseen eventos importantes como fue el terremoto de Chillán de 1939 (Mw 8.0), el cual ha sido el evento con mayor victimas fatales en nuestra historia sísmica y el terremoto de Tocopilla de 1997 (Mw 7.1)”, señala Salucci.

Falla San Ramón y un posible gran terremoto

Tras lo ocurrido en Rancagua, mucho se preguntaron si podría estar relacionado con la Falla San Ramón o si es la anticipación de un próximo terremoto.

Esto debido a que hace más de una década la Falla San Ramón o Falla de Ramón ha estado bajo la mirada de sismólogos y geólogos, debido a que la falla geológica situada en la sierra de Ramón (Región Metropolitana), 10-12 kilómetros bajo la superficie terrestre, se encuentra activa. Y no solo eso, su extensión podría ser aún mayor de la señalada inicialmente, abarcando hasta 50 km en la capital.

A esto se suma un reciente informe a cargo de la Comisión Especial Investigadora de la Cámara de Diputados, el que volvió a “encender las alarmas” sobre el peligro que representaría un evento telúrico proveniente de esta falla para las nuevas edificaciones que se pretenden construir en la zona (y muchas otras que ya existen).

Imagen de la Falla San Ramón en la Región Metropolitana.

Para tranquilidad de todos, el mismo Salucci descarta que lo ocurrido la noche del miércoles en Rancagua, tenga algún vínculo o relación con la Falla San Ramón.

Respecto de lo que podría pasar si se produce un movimiento telúrico en la Falla, aclara Salucci, “hoy sabemos en base a la evidencia, que un sismo en la zona podría alcanzar magnitudes cercanas a los 7,5 Mw, pero dada su poca profundidad, la aceleración del suelo sería muy importante, incluso superior a lo ocurrido durante el terremoto del 27 de febrero de 2010″.

La referencia más cercana para comprender la dinámica sísmica de este tipo de eventos, es el terremoto de Las Melosas, ocurrido el 4 de septiembre de 1958. “Este evento se trató de tres terremotos consecutivos con epicentro en la zona de Cajón del Maipo, los que alcanzaron magnitudes 6,9; 6,7 y 6,8, teniendo intervalos de uno y cuatro minutos respectivamente, siendo percibido en gran parte de Santiago. Algo similar podría ocurrir en la falla de Ramón”, señala el académico de la U. San Sebastián.

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