En uno de sus viajes a América Latina, Václav Havel preguntó a uno de sus interlocutores: ¿Cuáles son los límites del populismo en estos países? Había escuchado atónito una larga lista de anécdotas, más bien históricas, y su interrogante surgió a propósito de los desvaríos del ecuatoriano Abdalá Bucaram, los cuales le parecieron de “imposibles de ocurrencia”. Se coincidió en que la respuesta a aquella pregunta depende de lo que se esté examinando. Las conductas, las actitudes, los estilos, o bien las repercusiones de las prácticas populistas.

En los últimos años, Maduro y AMLO han obsequiado desopilantes ejemplos retóricos que habrían hecho las delicias del dramaturgo centroeuropeo. El primero, aseguró conversar con un pajarito que le soplaba mensajes enviados por Chávez desde el más allá. En tanto AMLO, cuando partió la pandemia de Covid, aseguró tener un trébol de seis hojas que lo protegía. Incluso en los videos disponibles en redes sociales, se observa cómo lo saca de su bolsillo y lo muestra a las cámaras.

Son sin duda casos jocosos pero que, tarde o temprano, terminan pasando la factura. Por eso puede afirmarse que los abusos de poder y la desmesura llevan a los demagogos con frecuencia a perder esa textura romana formada por la dignitas y la autoritas.

Pese a todo, la historia se repite una y otra vez en América Latina. Ya es casi un hábito ver a diversos personajes inventando una y otra forma para estar presentes sobre el escenario, ideando cómo usufructuar de los erarios nacionales y seguir derrochando demagogia. Un distinguido filósofo chileno aficionado a Ray Bradbury suele aplicar a América Latina esa especie de aforismo de aquel novelista de temas distópicos, quien aseguraba que la fantasía se reitera tanto, que hasta la ciencia ficción termina siendo percibida como algo natural. Podríamos decir que, en América Latina, ello es casi costumbrista.

La más reciente novedad en estas materias proviene de Evo Morales, el expresidente boliviano que, como se sabe, huyó en 2018 ante la imposibilidad de seguir atormentando la Constitución para adaptarla a sus deseos reeleccionistas. Eso, sin contar el malestar con los comentarios misóginos que prodigaba a sus ministras en público y una hilera de estropicios que lo transformaron en un ejemplo en materia de pérdida de dignitas y autoritas. No por casualidad el país quedó hundido en un caos del que aún no se recupera. Curiosamente, Morales está cobrando notoriedad de nuevo. Es la cabeza distinguible de un organismo internacional en proceso de creación, con un presupuesto cuantioso, pero de origen desconocido, denominado Runasur.

El nombre entrega pistas de qué se trata. Es un neologismo compuesto, por un lado, de runa, palabra que en quechua aparentemente significa persona y, por otro, de Unasur, de clara reminiscencia chavista. Es decir, un ente donde convergen indigenismo y populismo. Su tarea diaria será coordinar y fomentar actividades en favor del etnicismo a lo largo de la región. Y -he aquí lo novedoso- lo hará a nivel de ONGs, sindicatos, partidos, movimientos y diversos otros grupos de interés. Es decir, no será multilateral ni supranacional, pues no desea que los Estados se inmiscuyan. Lo central será fomentar la plurinacionalidad en todos los países latinoamericanos. Runasur representa la sacralidad de las etnias.

Vista en términos de sistema dinámico, esta iniciativa requiere de ciertos atractores. Es decir, de soportes. Estas serán todas aquellas organizaciones anticapitalistas, antineoliberales, anticolonialistas, antiiimperialistas y todo lo anti que sea necesario para pavimentar el camino a la demagogia indigenista. Vista en términos más ideológicos, Runasur recrea esos viejos principios marxianos de lucha de clases (esta vez de las etnias contra el establishment) y de internacionalismo (solidaridad entre las etnias más allá de las fronteras nacionales).

En términos estrictos de poder, no cabe duda que se trata de una fantasía utópica, que promete una arcadia llena de felicidad y unidad, lo cual justifica el sacrificio de las generaciones actuales, y alcanzarla será su tarea eterna. Además, como en el mundo precolombino no había propiedad privada, Runasur irá a la vanguardia en la lucha contra el capitalismo.

Sin embargo, la iniciativa encierra peligros enormes para los Estados. Al mirarlo con lupa, se pueden descubrir muchos elementos desestabilizadores, de carácter transfronterizo, similares a los ensayados por la Cuba de Castro en los años 60 y 70. Sus antecesores ideológicos fueron la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) y otra, con nombre larguísimo y de más amplio espectro geográfico, llamada OSPAAAL.

Nadie podría negar que varios de los objetivos de OLAS y OSPAAAL fueron logrados. Por lejos, el principal fue haber socavado en sus bases las débiles democracias latinoamericanas de entonces. Surge inevitablemente la pregunta: ¿qué tan sólidas están ahora las democracias de la región para resistir esta nueva embestida?

El sólo hecho que en el documento fundacional se indique, por ejemplo, que Argentina tiene 45 millones de habitantes, subrayando que hay 38 pueblos indígenas invisibilizados, sugiere la idea de que por la vía de sacralizar a las etnias, se promoverá toda clase de movilizaciones y reivindicaciones. Obvio, hay que visibilizar lo invisibilizado.

Por lo tanto, no se necesita ser muy perspicaz para adivinar el deseo de agudizar las tensiones ya existentes e inventar otras. Desde ya apoyan con fervor la reorganización política del Perú y supeditar las inversiones mineras a la bizarra noción de “territorios”. En tal línea, las antiguas zonas mapuches de Chile y Argentina también son vistas como objetos de deseo.

Runasur explotará nuevos separatismos a partir del etnicismo, promoverá la petrificación del tiempo precolombino y abrirá heridas viejas, no cicatrizadas. Exagerará las situaciones sociales pendientes. Aplicará la demagogia indigenista a raudales.

Runasur claramente será capaz de correr los límites fantásticos que tanto intrigaban a Havel.

En términos prácticos es una iniciativa que incuba un desafío de nuevo tipo a las elites latinoamericanas. Si hasta ahora el Foro de Sao Paulo y Grupo de Puebla apuntaban a crear grietas entre países, Runasur, al incentivar las pulsiones en favor de la plrinacionalidad, será una amenaza directa a la vida interna de las democracias regionales. Su acción desestabilizadora, de carácter transfronterizo, reavivará el fantasma de los años 60 y 70.

Por la región se escuchará un sonido tipo rawr, como se representa en algunas redes sociales el rugido de los dinosaurios. Y parece obvio. ¿No pertenecen acaso las guerrillas de los 60 -que cautivaron a la OLAS- a un parque jurásico?

Runasur parte oficialmente este 21 de diciembre.

Escrito para El Líbero por Ivan Witker, autor de “The Southern Cone: Iran´s backdoor” en Ilan Berman y J. Humire Iran´s  strategic penetration of Latin America, Lexington Books, New York, 2014.

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