Hasta aquí, parece que el Presidente no se hace cargo del hecho que el domingo pasado perdió dos veces. Fue rechazada la propuesta de texto constitucional que él apoyaba por una votación histórica y en todas las regiones, en 338 comunas de Chile (salvo ocho) y en todos los grupos socioeconómicos. Boric tampoco asume que los 7,8 millones de votos que obtuvo el Rechazo fueron también en contra su gobierno, porque él se encargó de plebiscitar su gestión al convertirse en el jefe de campaña del Apruebo.

Como no mira la debilidad de su posición, cree que puede seguir haciéndose el que hace lo que no hace y jugando al gatopardismo para que nada cambie. Eso quedó claro con la tibieza con que intervino su gabinete, donde incorporó solo cartas que apoyaron la opción perdedora y en que no se atrevió a rayarle la cancha al socialismo no democrático, su coalición. Por eso le pidió disculpas al comunista que le dio y quitó la subsecretaría del ministerio del Interior y lo compensó con la subsecretaría de la cartera de Desarrollo Social. Y le dio todo tipo de garantías al presidente del PC, que no había cargos vedados ni una actitud contraria a ese partido, al haber “desnombrado” al encargado de la seguridad pública que antes trató a carabineros  de “torturadores”.

Y a pesar de las compensaciones al PC (sumar la ministra del Trabajo, PC, al Comité Político), el partido de la hoz y el martillo le rayó una vez más la cancha a Boric, en la voz del senador Daniel Nuñez. Este le advirtió y reiteró que si deja de lado el programa de la coalición del PC y el Frente Amplio y no cambia el actual modelo, “tomamos nuestras cositas y nos vamos a la otra vereda”.

Y para darle fuerza a la amenaza, es exactamente lo que está haciendo, volcándose nuevamente a las calles para imponer el socialismo radical que no logran por la vía democrática, es decir, contando los votos. El cambio de gabinete en La Moneda se hizo en medio de olor a lacrimógenas, porque solo entre martes y miércoles el saldo fueron 42 detenidos, dos micros quemadas (el jueves se sumaron dos más) y decenas de estaciones de Metro paralizadas por las protestas estudiantiles.

Un panorama muy similar al de octubre de 2019, cuando el Mandatario y los amigos con que hoy comparte el poder, apoyaron el asalto del Metro como “desobediencia civil”. La diferencia es que ahora, si no se aboca a devolver el orden público a las calles, alterado por sus propios aliados, es probable que termine siendo víctima de un asalto a La Moneda. Ya hubo planes para ello en esos días que gobernaba Sebastián Piñera, según confesó Sergio Micco, ex director del INDH.

Pero el Presidente reveló no entender la magnitud de su derrota ideológica cuando en el discurso tras el cambio del mando prometió “ni un paso atrás” en el “proceso de cambios”. Por supuesto que el fracaso del Apruebo arrastró consigo las reformas refundacionales de Boric, que son las mismas del borrador constitucional, rechazadas por casi dos tercios de los chilenos. ¿Cómo hay que decírselo? Si ahora no se abre a negociar las reformas previsionales, tributaria y de salud, no obtendrá ninguna y se convertirá en un administrador del caos, donde se combinan una economía en recesión este otro año con la inflación más alta en 30 años y la contracción de los salarios reales en un 3% en 12 meses.

Y si no aprende de la mala experiencia que tuvo con las movilizaciones estudiantiles su nueva ministra del Interior, le ocurrirá lo que a ella en la municipalidad de Santiago: se radicalizó la protesta y entregó al término de su gestión colegios destruidos. Carolina Tohá optó muy tarde por desistir del diálogo y proceder con poco éxito al desalojo de las escuelas. Boric todavía se esconde en la necesidad de dialogar para devolver el Estado de Derecho a las regiones del sur bajo la violencia de grupos mapuches. Si quiere resultados, tiene que cambiar la mirada y partir por apoyar a Carabineros en las querellas por violación a los DDHH que lleva la conocida fiscal de izquierda Ximena Chong en contra del actual y el ex director general. Si no lo hace, que no les pida jugarse el pellejo en las poblaciones, el centro de Santiago o los campos del sur.

El problema del Mandatario es que no es capaz (porque no puede o no quiere) de romper con el PC y sus  aliados del Frente Amplio. Ni para renunciar a la refundación de Chile (el modelo neoliberal que prometió sepultar) ni para reprimir la violencia que antes amparó. Pero está en una encrucijada, porque así como la explosiva situación en la macrozona sur no resistirá otros 3 años de reanudaciones por 15 días del estado de emergencia “acotado”, si no neutraliza a los estudiantes anarcos movilizados por el PC en Santiago, terminará siendo su víctima. Una paradoja cruel porque ese es el camino que él les abrió.

/Escrito por Pilar Molina para El Líbero

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