Como el segundo país menos corrupto de América Latina se mantuvo Chile, de acuerdo al último ranking de la ONG Transparencia Internacional (TI), ocupando el puesto 26 a nivel nacional.

Chile mantuvo además los 67 puntos que obtuvo el 2017 -sobre un máximo de 100-, subiendo un lugar, respecto al otorgado por la organización a inicios del año pasado (27). El primer lugar para la región, en tanto, fue para Uruguay.

Ya viendo los datos globales, Dinamarca y Nueva Zelanda aparecen en lo alto de la tabla de TI, seguidos de Finlandia, Singapur, Suecia, Suiza, Noruega, Holanda, Alemania y Luxemburgo. En el vagón de cola, junto a Somalia, Sudán del Sur y Siria, se sitúan como los países más corruptos del mundo Yemen, Venezuela, Sudán, Guinea Ecuatorial, Afganistán, Corea del Norte y Libia.

Entre las grandes potencias, Estados Unidos ahonda su caída tras el desplome del año pasado y se sitúa en el puesto 23 (69 puntos), mientras que China gana dos (41) y avanza siete posiciones, hasta el puesto 80. Rusia, sin apenas cambios, queda en la plaza 137 (28 puntos).

En América Latina, Uruguay (puesto 21, 71 puntos) y Chile (puesto 26, 67 puntos) repiten como los países de la región percibidos como menos corruptos, mientras que en el extremo opuesto, experimentando además grandes caídas, se encuentran Venezuela (puesto 173, 16 puntos) y Nicaragua (puesto 161, 22 puntos).

Entre medias, se sitúan Costa Rica (56 puntos), Cuba (48), Argentina (45), Ecuador (38), Colombia (37), Panamá y Perú (36), Brasil (35), El Salvador (34), Bolivia (31), México (29), República Dominicana y Paraguay (28), Guatemala y Honduras (26).

Para afrontar la corrupción, TI recomienda reforzar los controles entre los distintos poderes del Estado, blindar los procesos electorales para asegurar la transparencia, limitar la influencia económica en la política, evitar las “puertas giratorias” y fomentar que toda la sociedad pueda contribuir en el proceso de toma de decisiones.

Factores que influyen

La influencia sin cortapisas del poder económico sobre el político y las guerras son los grandes catalizadores de la corrupción, según revela el informe de TI.

Además de ordenar a los países por su grado de transparencia, la ONG destacó en esta ocasión el creciente hartazgo de la población con la corrupción, que está cristalizando en múltiples protestas por todo el mundo.

“La frustración con la corrupción gubernamental y la falta de confianza en las instituciones delata la necesidad de una mayor integridad política. Los gobiernos deben afrontar urgentemente el papel corruptor del ‘gran dinero’ en el financiamiento de los partidos políticos y acabar con su influencia en nuestros sistemas políticos”, aseguró la presidenta de TI, Delia Ferreira.

El informe resalta que “las protestas, de América Latina al Norte de África, de Europa oriental a Asia central, coparon titulares cuando los ciudadanos marcharon en Santiago, Praga, Beirut y otras ciudades para dar voz a su frustración en las calles”.

Por eso, añade el texto, “es esencial mantener al ‘gran dinero’ fuera de la política para asegurar que los procesos de decisión se hagan en favor de la ciudadanía y para limitar las opciones de la corrupción”. La organización advierte que la democracia en su conjunto está en riesgo.

Pese a ello, se apunta a que “los movimientos anticorrupción en todo el mundo ganaron fuerza porque millones de personas se juntaron para denunciar la corrupción de sus gobiernos”. En esa línea, también se critica que el G7 no ejerza de líder en este ámbito.

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