Para lo que resta del invierno, el Pronóstico Estacional de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), documento que considera la segunda quincena de julio, sumado a agosto y septiembre, proyecta que a pesar de las lluvias registradas en las últimas semanas, el trimestre anotaría precipitaciones bajo lo normal, entre Coquimbo y Los Lagos.

De acuerdo a este informe, que este trimestre en particular es de gran importancia para los acumulados anuales, y tiene casi tanta importancia como el trimestre de invierno junio, julio y agosto. Lamentablemente, y al igual que los últimos pronósticos estacionales, sigue dominando una condición bajo lo normal en el tramo entre Coquimbo y Los Lagos.

Esto significa que, por ejemplo: en Santiago, lloverían menos de 80 mm, en Curicó menos de 180 mm y en Concepción menos de 330 mm en el trimestre completo.

El informe no implica que no vaya a llover, sino que el total de lluvia acumulada durante estos 90 días aproximadamente, estará debajo de lo que climatológicamente se espera para un trimestre julio, agosto y septiembre normal.

En relación al documento de la DMC, Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago, señala que las precipitaciones durante la primera quincena de junio y julio en la zona central permitieron recortar considerablemente los déficits de precipitaciones. “Hoy entre la Cuarta y la Sexta Región éstos no superan el 30 %. La cobertura nival también presenta extensiones cercanas a típicos para la fecha”, añade.

Julio ha sido un mes lluvioso en Santiago y la zona central.

Carlos Faúndez, académico de la Escuela de Agronomía Universidad de las Américas, señala que aún no hemos superado la megasequía. “Las precipitaciones registradas durante la última semana no fueron suficientes para superar el déficit en Santiago, es más, solo un 14% de las estaciones meteorológicas desde Arica a Punta Arenas se encuentran con superávit; el resto continúa con déficit de precipitaciones acumuladas”.

“Lo anterior aleja los fantasmas de racionamiento para las grandes ciudades de la zona central durante la próxima primavera-verano”, dice el climatólogo.

Si consideramos un escenario en el que desde julio a diciembre de 2022 ocurran precipitaciones normales en Santiago y le sumamos las que ya se han producido, el año concluiría con un déficit de aproximadamente 33%, establece Faúndez. “Pero esta posibilidad de lluvias es improbable, debido a la actual presencia del fenómeno climático de La Niña, que supone precipitaciones menores a las normales. La buena noticia es que a la fecha hemos superado los 100 mm, considerado como la precipitación mínima para que no se genere hipersequía, como la registrada en 2019″, añade.

Desde marzo se nota un cambio en el comportamiento de las temperaturas

Con respecto a las temperaturas, el documento de la DMC establece que se podría separar el país entre lo que está pasando en la costa del norte con el resto del país. Es notable como entre Arica y Valparaíso, por la costa, las temperaturas se han mantenido con anomalías negativas desde el año pasado, especialmente las temperaturas máximas, anomalías asociadas la presencia de La Niña.

En cuanto a temperaturas, Santiago presentaría mínimas bajo lo normal (menor a 4°C o 5°C) y máximas sobre lo normal (superior a 17°C o 18°C), agrega el informe.

Transeúntes disfrutando de la Nieve en la Plaza de La Ciudadanía, frente al Palacio de La Moneda. Las mínimas seguirían siendo bajo lo normal. Foto: Agencia Uno

Adiciona que al sur de Valparaíso, el panorama es muy llamativo en las temperaturas máximas. Desde marzo de 2022 que éstas se han enfriado notablemente, registrándose importantes anomalías negativas mensuales.

Las temperaturas mínimas también han reflejado este enfriamiento, principalmente en la zona entre Temuco y Balmaceda. La DMC establece en la publicación que si combinamos toda esta información, es señal de que desde marzo han ingresado una mayor cantidad de masas de aire frío, acompañadas de precipitaciones, a la zona sur y también centro del país.

Un tercer pulso de La Niña es posible

El fenómeno de La Niña (enfriamiento en el Pacífico ecuatorial), establecido oficialmente a fines de 2020, aún no termina. Es cierto que se tomó una pausa entre marzo y agosto de 2021, pero volvió en septiembre de ese año y desde esa fecha que no ha desaparecido.

En las últimas señales ha mostrado señales de debilitamiento, es decir, calentamiento en el Pacífico ecuatorial, pero parece estar lejos de terminar. Los modelos climáticos muestran una mayor probabilidad de La Niña hacia fines de año. Así lo indica el pronóstico multi-modelo de IRI de la Universidad de Columbia y otros centros internacionales.

Cordero señala que a pesar de que durante junio La Niña se debilitó, la Agencia Oceanográfica y Atmosférica de los Estados Unidos, la Noaa, “mantiene su proyección de que La Niña se fortalecerá a fines de año y por tercer año consecutivo tendremos un fin de año con ésta”, añade.

De cumplirse este pronóstico, tendríamos un tercer pulso de La Niña y pasaríamos el verano 2022-2023 bajo una condición de La Niña, al igual que los últimos dos veranos. Los eventos de El Niño y La Niña son más probables, climatológicamente en verano, pero típicamente después de El Niño viene La Niña. En otras palabras, después de un calentamiento fuerte en el Pacífico viene un enfriamiento, indica el boletín.

La Niña alejaría nuevamente las precipitaciones de la zona central. FOTO: MAURICIO MENDEZ/AGENCIAUNO

Cordero explica que la persistencia de La Niña hace difícil que este sea el año final de la larga e intensa sequía que nos aqueja. “La Niña, este enfriamiento de la temperatura superficial del Pacífico, frente a las costas de Perú y Ecuador, no favorece las precipitaciones en la zona central”, adiciona.

El punto, es que ese enfriamiento no suele ser tan fuerte como el calentamiento (el fenómeno no es simétrico) y por eso que La Niña se suele presentar como gran episodio dividido en dos pulsos (dos años consecutivos). Actualmente estamos en este segundo pulso de La Niña y, entonces, estamos dentro de algo que es común en los registros del fenómeno, añade la DMC.

Pero, ¿qué pasa si se llega a concretar el tercer pulso? Eso ya no es tan común, solo ha ocurrido dos veces en el registro, alrededor de 1974 y a principios de los 2000, y siempre antecedidos de un fenómeno de El Niño muy fuerte.

Esto quiere decir que el tercer pulso actual (de cumplirse los pronósticos), añade el documento, no solo sería una rareza en términos estadísticos, sino que también en términos físico-dinámicos, dado que no habría tanto calor en la superficie del océano como cuando se presenta El Niño de manera muy intensa.

La blanca montaña se deja ver otra vez

Las precipitaciones registradas durante junio vinieron acompañadas de nevadas. Una pregunta recurrente, que acompaña a los acumulados de precipitación, es la condición de los acumulados de nieve en la cordillera.

Según datos de la DGA, hasta julio de 2022, los acumulados de nieve desde comienzos de abril eran mayores a los observados en 2021, esto expresado en equivalente en agua en milímetros (transformando toda la nieve que cae a milímetros de agua). Sin embargo, aún por debajo la climatología. Los mayores déficit se presentan entre la Región Metropolitana y el Biobío.

Otra variable a observar es la altura de la nieve, que también muestra una mejora sustantiva con respecto el año pasado, pero aún ligeramente por debajo los valores normales. Por ejemplo, en Lo Aguirre (Región Metropolitana) el año pasado al 4 de julio la altura de la nieve marcaba 24 cm, mientras que este año es de 42 cm, es decir, el doble, indica el documento.

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