Cuando no tienes buenas razones para convencer a la gente de por qué debieran votar por ti, una buena alternativa es intentar convencerla de que si opta por tu rival, reinará el desorden y el caos en el país. En la campaña para la segunda vuelta del 19 de diciembre, los candidatos tendrán la tentación de caer en el discurso del miedo y usar herramientas de campaña negativa para ocultar las debilidades de sus propias propuestas. Al buscar que la gente vote por ellos como el mal menor, los candidatos a veces logran ser electos, pero también cavan su propia tumba, en tanto apenas llegan al poder su aprobación comienza a caer cuando la gente se decepciona al ver que el candidato ganador nunca tuvo una hoja de ruta clara y efectiva para construir un mejor país.

Aunque las segundas vueltas siempre tienen un sabor a mal menor para muchas personas, en esta ocasión, por primera vez en Chile, casi un 50% de los votantes escogieron una candidatura que no logró pasar de la primera vuelta. Por ello, mucha gente que vote el 19 de diciembre lo hará por un candidato que no les convenció lo suficiente para darle su voto la primera vez. Como José Antonio Kast y Gabriel Boric deben lograr el doble de votación para ganar, ambos se enfrentan a la difícil tarea de salir a convencer indecisos y personas que no están muy felices con las opciones disponibles.

Ya que esas personas no votaron por ellos el pasado 21 de noviembre, es imprescindible que los candidatos modifiquen sus programas de gobierno para ampliar sus bases de apoyo. Con las plataformas que presentaron para primera vuelta, ninguno superó el 30% de los votos. Para poder llegar a la mayoría absoluta el 19 de diciembre deben hacer ajustes a sus plataformas de propuestas y valores. Si alguno decide repetir la oferta que lo llevó a recibir menos del 30% en primera vuelta, ese candidato perderá por paliza en segunda vuelta.

Pero modificar el programa para ampliar la base de apoyo no es una tarea fácil. Ambos candidatos tienen una trayectoria que hace difícil que, de un día para otro, abandonen posturas y lealtades que han tenido por años. Además, sus bases de apoyo iniciales también se rebelarán si los candidatos modifican demasiado sus posturas. Por eso, el camino hacia la moderación es siempre difícil y está lleno de obstáculo y de zancadillas de los propios aliados.

De ahí que una estrategia alternativa que al menos seduce a los candidatos que deben enfrentarse en segunda vuelta es la de apuntar a las debilidades y aspectos negativos de su rival. Las campañas negativas se convierten en una forma de evitar tener que modificar mucho las propuestas propias e intentar que el electorado se centre en las promesas y trayectorias del rival que generan más rechazo. Porque los mensajes de campaña precisan ser simples y porque la gente no hace su tarea de revisar los detalles de las propuestas y programas de gobierno, los candidatos tienden a simplificar las diferencias y radicalizarlas para hacerlas más evidentes. Por eso, desde la trinchera de Kast se escucha que la segunda vuelta será una elección entre la democracia y el comunismo. Por su parte, desde la trinchera de Boric, se intenta mostrar la segunda vuelta como una elección entre la democracia y el fascismo. Si bien ambas caricaturizan al rival, la lógica detrás de esos mensajes es que la gente debe optar por el candidato democrático o el caos. Eso hace que, en vez de escoger entre dos opciones, la gente solo se queda con la obligación moral de votar por la opción correcta.

Esta lógica de “yo o el caos” ha sido usada múltiples veces en elecciones en Chile y otros países. En 1988, cuando la gente ya estaba cansada de tantos años de dictadura, la campaña de Pinochet no logró convencer a una mayoría con esa alternativa. Algo similar ocurrió en 2009, cuando después de 20 años en el poder, la Concertación tampoco pudo ganar con esa estrategia. Hoy, ambos candidatos parecen tentados a usar el mensaje de “yo o el caos” para convencer a los electores. Mientras los simpatizantes de Boric advierten que Kast no podrá gobernar si resulta electo, porque le harán protestas todos los días y porque habrá una confrontación con la convención constitucional, los simpatizantes de Kast dicen que, de llegar al poder, la incertidumbre económica que se producirá hará imposible que Boric pueda evitar que el país se hunda en una crisis económica.

Si bien hay buenas razones para argumentar que, de gobernar desde el extremo, los dos candidatos pudieran generar inestabilidad, también es cierto que gobernar desde la moderación y el pragmatismo hará que la legitimidad democrática del próximo gobierno aumente y que la gente apoye y legitime las acciones del gobierno —debilitando así los que quieren que el próximo presidente fracase.

Hoy que los candidatos enfrentan la tentación de caer en la campaña de “yo o el caos”, los electores debieran recordar que cada vez que un candidato se centra en destacar más las debilidades de su rival que sus propias fortalezas, hay un reconocimiento implícito de que el programa y liderazgo del que hace la acusación no tiene méritos suficientes para convencer al electorado.

Por Patricio Navia, sociólogo, cientista político, académico UDP, para El Líbero

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