Más aún si, como dice Daniel Matamala, “la política está hundida en un ciclo autodestructivo, un juego de suma cero en que el compromiso y la altura de miras parecen impensables”.

Y si bien según él, más allá de las ideologías, que siempre están en juego –unos creen más en el rol del Estado y los otros, de los privados-, el proyecto apenas acerca en algo a Chile a los parámetros de sistemas mixtos de países de la Ocde.

Y es, asegura, “la última oportunidad de políticos de gobierno y oposición para demostrar a Chile que pueden hacer la pega para la que fueron elegidos”.

Sea así o no –es decir, esa última oportunidad-, el hecho es que, al menos para el gobierno, la clave será “mantener la unidad”, como apunta Carlos Correa. Y no será fácil.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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