En el último mes de campaña, uno de los videos más viralizados en las distintas redes sociales, y particularmente en Tik Tok, fue un remix de unas palabras que el Presidente Boric realizó en un encuentro de jóvenes a principios de agosto. “Merluzo, mamarracho, seguramente vota Rechazo”, reza el pegajoso estribillo que, coincidentemente a mi juicio, se identifican con las principales razones que tuvieron los chilenos para votar Rechazo de manera tan categórica.

El apelativo de Merluzo, acuñado por un periodista español para referirse a Boric al principio del gobierno, terminó por convertirse en el significante vacío de la frustración ciudadana respecto del mal funcionamiento del gobierno, el crítico momento económico y la desesperante sensación de inseguridad. El Presidente Boric, al asumir la jefatura de campaña del Apruebo, transformó el plebiscito no solo en un referéndum sobre el trabajo de la Convención, sino que especialmente, en un juicio sobre la marcha de su gobierno y del derrotero que ha seguido el país luego de años de violencia, pandemia e incertidumbre social, política y económica. La derrota del Apruebo fue, sin lugar a dudas, una derrota gigantesca del Presidente Boric, porque fue, por decisión propia, uno de sus grandes impulsores.

Un segundo ámbito tiene que ver con el mamarracho, que en el lenguaje coloquial alude a una cosa mal hecha o ridícula. Precisamente, y más allá de los intentos de algunos de transformar la propuesta constitucional en un texto icónico o a las decenas de actores políticos y culturales que se emocionaban leyendo los artículos en público, no quedan dudas que el resultado de la Convención fue muy defectuoso. No solo en cuanto proceso y sus integrantes, sobre lo que se ha escrito profusamente, sino especialmente respecto del producto específico: cientos de artículos sin sentido ni hilo conductor; un listado de derechos sociales, contraculturales e incoherentes entre sí que, además, no tenían posibilidad de financiación; una innovación en los poderes del Estado no vista desde Montesquieu; y una arrogancia para convertir en texto escrito, el delirio de las aspiraciones identitarias más alejadas del sentido común, entre otros aspectos.

Es la suma de estos dos elementos los que son determinantes para el triunfo político más categórico de nuestra historia reciente, no solo en lo cualitativo, considerando que el rechazo ganó en 338 comunas, en todas las regiones y en todos los estratos sociales –incluso con mayor contundencia en las comunas populares-, sino que esencialmente en lo cuantitativo, considerando que votaron más de 13 millones de chilenos y que una inmensa mayoría de ellos apoyó a la opción ganadora.

Por lo mismo, quienes siguen con la cantinela de que el mandato ciudadano del plebiscito de entrada sigue vigente pueden estar profundamente equivocados. En lo formal, porque la Constitución dice expresamente que, si ganaba el rechazo, la Constitución actual sigue vigente. En el fondo, porque a pesar de la intervención del gobierno, del sesgo de los medios de comunicación y del contundente resultado en el plebiscito de entrada y en la elección de convencionales, fueron más de 7,8 millones de chilenos los que dijeron que no y que sepultaron, de manera clara y contundente, el extinto proceso constituyente.

Al igual que el Presidente Boric, que despectivamente descartó la opinión de una manifestante al afirmar que “seguramente vota Rechazo”, por no apoyarlo a él ni al mamarracho constitucional que promovía, hay que tener cuidado con acelerar las reflexiones, procesos y decisiones respecto de un futuro proceso constitucional. No vaya a ser que, nuevamente, la casta política termine fracasando tan estrepitosamente como lo hicieron los firmantes del acuerdo del 15-N y que, en dos años más, tengamos un país aun más pobre, dividido y violento que el que tenemos.

Escrito para el diario La tercera por Cristián Valenzuela, abogado.

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