No hay espacio para la disidencia. Y cómo escribe Gonzalo Cordero en su columna del domingo pasado, pareciera que “se empieza a cumplir la máxima de que toda revolución devora a sus hijos”. Porque “los agredidos e insultados”, en referencia a lo sucedido hace poco más de una semana en la Convención “ya no son solo los convencionales de derecha, ni el Presidente Piñera o sus ministros, ahora la turba arremete contra los que desde la misma izquierda abandonan la ortodoxia” -uno podría sumar incluso la piedra lanzada contra el Presidente. Es la condena a los “amarillos” -color tan poco valorado por algunos-, a los “traidores”. Es la noche de San Bartolomé.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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