Este sábado 4 de septiembre nuevamente se cambia la hora. Así, cuando sea la media noche, los relojes se deberán adelantar 60 minutos, por lo que pasaremos de las 24:00 horas del sábado a las 01:00 del domingo 5 de septiembre.

Si para muchos esto implica una buena noticia porque se suman más minutos de luz natural durante las tardes, también implica que las mañanas serán más oscuras.

“Vamos a perder sueño”, dice John Ewer, investigador del Centro Interdisciplinario de Neurociencias de la Universidad de Valparaíso (CINV). Pero esta pérdida de sueño trae varios efectos negativos que afectan el desempeño y la salud de las personas, incluyendo el sistema inmune y justo en medio de la pandemia de virus Sars-CoV-2.

“Este sábado tenemos un cambio de hora. Como la hora en que se levanta el sol determina a qué hora se despierta nuestro cuerpo, esto significa que tendremos que despertarnos una hora antes de lo que nos despertábamos antes, a partir de ese punto. Eso tiene dos efectos, ambos negativos, uno agudo y otro crónico: el efecto agudo es que estaremos más dormidos los primeros días y, por lo tanto, tendremos más accidentes y cometeremos más errores; y tiene un efecto agudo no menor sobre nuestra salud. Por ejemplo, hay un aumento, en esos primeros días, en el número de ataques al corazón”, sostiene Ewer.

El doctor en Neurociencias agrega que estos problemas son completamente evitables. ¿Cómo? Simplemente, eliminando los cambios de hora.

“Hay también tiene un efecto crónico, que se debe a que el sol todos los días se va a levantar más tarde de la hora en que tenemos que despertarnos. Eso causa un déficit de sueño, aún mayor al que ya tenemos y que nos va a acompañar hasta que vayamos entrando al verano y el sol cada día se levante un poquito más temprano. Ese déficit de sueño es crónico y tiene consecuencias importantes, no solo sobre nuestro desempeño, sino también sobre la salud. Si bien va a ser un efecto menor, impacta nuestro metabolismo y aumenta la incidencia o la severidad de enfermedades como la diabetes y la hipertensión, y eso causa al final obesidad. También hay un incremento en ciertos tipos de cáncer y de manera importante en esta época pandémica también reduce la efectividad de nuestro sistema inmune, que es lo último que queremos”.

Pero el déficit de sueño tiene también varias otras implicancias. En el caso específico del sistema inmune, Ewer dice que “si no duermes bien, el sistema inmune no funciona de la mejor manera, nos deja más vulnerables a las infecciones, aumenta también la obesidad”. El problema se reducirá en la medida en que se avance hacia el verano y el sol comience a aparecer más temprano.

“No se sabe muy bien la causa directa de por qué la falta de sueño afecta la inmunidad. Pueden ser los cambios en la hormona del estrés , en la melatonina. Lo que sí está claro es que afecta muchos aspecto nuestra capacidad para combatir una infección y también la respuesta que tenemos a las vacunas por lo que su efectividad también se puede ver afectada. Además si uno no duerme bien se producen otras moléculas, cuyos blancos son otros tejidos asociados al corazón y desarrollo de enfermedades como diabetes”, indica Ewer.

Algunos estudios han mostrado que la restricción o privación total de sueño durante unos días conlleva un aumento en el recuento total de los glóbulos blancos.,pero también existe otros que no evidencian este incremento. Otras investigaciones relacionanla falta de sueño con una aumento de proteínas como la interleuquina y otras relacionadas con la inflamación y también alteraciones en el cortisol.

Mayor impacto en adolescentes

El doctor Ewer señala que comprende que la mayoría de los adultos gusta de tener luz en la tarde, pero dice que el grupo más impactado son los jóvenes, sobre todo los adolescentes, porque “ellos naturalmente se despiertan más tarde y, por lo tanto, para ellos el déficit de sueño será aún mayor que el déficit que tiene los niños y los adultos. Y, por lo tanto, cuando llegan al colegio o van a sus clases en línea en la mañana, ellos pierden una hora adicional de clases, esencialmente porque están una hora más dormidos”.

Para John Ewer la solución apunta a prescindir de la medida y quedarse con un huso horario único para todo el año: el horario de invierno que es que tenemos hoy

“La solución número uno es eliminar los cambios de horarios, porque tienen estos efectos agudos y también quedarse con un horario, en el que el sol se levante lo más temprano posible, porque así nosotros naturalmente nos despertaremos temprano y estaremos despiertos cuando el despertador suena. Eso significa quedarse con este horario de invierno que tenemos en este momento y no el horario de verano que, si bien privilegia la vida de los adultos, deja afuera las consideraciones importantes sobre el desempeño y la salud de todos nosotros”.

/psg