Los Gobiernos de Estados Unidos y China se han enzarzado en una guerra de recriminaciones mutuas acerca del coronavirus. Todo empezó el lunes por la noche, cuando el presidente de EEUU, Donald Trump, se refirió en un ‘tuit’ al “virus chino”, un concepto empleado por otros altos cargos de su Gobierno en los últimos días, como el secretario de Estado, Mike Pompeo, que ha hablado del “virus de Wuhan”, en referencia a la ciudad china en la que se detectó por primera vez la enfermedad.

Pero el que la expresión haya sido adoptada por el jefe del Estado y del Gobierno estadounidense ha levantado ampollas en Pekín. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Geng Shuang, ha declarado que EEUU debe “cesar inmediatamente sus injustificadas acusaciones contra China”, y declaró que el Gobierno de ese país está “indignado” por las palabras del presidente.

El cruce de acusaciones no es nuevo. De hecho, la semana pasada, Pompeo convocó al embajador chino en Washington, Cui Tiankai, para expresarle su malestar por la difusión, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores chino, de una teoría conspiratoria que afirma que el virus fue llevado a Wuhan por un ciudadano estadounidense. “Podría ser que el Ejército de Estados Unidos llevara la epidemia a Wuhan. ¡Sean transparentes! ¡Hagan pública su información! Estados Unidos nos debe una explicación”, tuiteó Cui, que es conocido en Twitter por su carácter provocador.

La tensión acerca del origen del coronavirus está permeando la vida política estadounidense. Según la prensa de ese país, la comunidad asiática, muy numerosa en California, está haciendo acopio de armas y munición ante el temor a ser víctimas de ataques racistas. Otra área con una gran comunidad oriental es Nueva York, cuyo alcalde, el izquierdista Bill de Blasio, ha criticado a Trump por el uso de un lenguaje que ha calificado de “intolerante”. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado evitar el uso de referentes geográficos o nacionales para referirse a la pandemia.

Sea como sea, Donald Trump está vacunado políticamente contra el coronavirus. Según un sondeo de la consultora Morning Consult, el 47% de los estadounidenses respaldan su gestión de la crisis, mientras que el 43% lo rechaza y un 10% se acoge al tradicional “no sabe / no contesta”. La encuesta, realizada entre los días 13 y 16 de este mes (de viernes a lunes) revela una ligera mejoría de la aprobación de Trump en esta crisis. En el anterior sondeo, que había sido hecho del 6 al 9 de marzo, el apoyo a la actuación del presidente era del 44%, exactamente igual que el rechazo. Estados Unidos es el octavo país del mundo en número de positivos (5.204, a primera hora de la tarde de ayer) y el sexto en fallecimientos (92), según el recuento en tiempo real de la Universidad Johns Hopkins.

Así, el apoyo a Trump se sitúa en general en línea con su popularidad, que en las últimas semanas ha subido hasta situarse en los niveles más altos de su mandato. Ahora, el ‘cierre’ de buena parte de Estados Unidos debido a la propagación del virus va a hacer más difícil hacer encuestas. Pero todo indica que, al menos por el momento, el presidente de Estados Unidos retiene el apoyo de sus leales, pese a que hasta hace apenas una semana afirmaba que el coronavirus era “una farsa”, y que la gente a la que le fuera detectado mejoraba “sentándose en casa o yendo a trabajar”. En las últimas horas, sin embargo, el tono ha cambiado radicalmente. El lunes, Trump afirmó que “esto es malo, es malo”. El domingo, había declarado que el virus estaba “bajo un tremendo control”.

En general, los estadounidenses ven el coronavirus según su ideología. Seis encuestas llevadas a cabo entre finales de febrero y principio de marzo ponían de manifiesto que entre el 62% y el 68% de los demócratas estaban “preocupados” por la pandemia, mientras que entre los republicanos el porcentaje descendía a una banda de entre el 24% y el 48%, de nuevo en línea con los mensajes de Donald Trump.

El Covid-19 está teniendo un impacto muy directo en la política de Estados Unidos. Hoy se celebran las primarias en tres estados absolutamente decisivos: Florida, Illinois, y Arizona. Aunque Joe Biden parte con una enorme ventaja sobre Bernie Sanders, el hecho de que los votantes del ex vicepresidente sean de más edad, y, por tanto, más vulnerables a la infección puede reducir su presencia en los colegios. Un cuarto estado, Ohio, ha cancelado sus primarias, también previstas para hoy, por la enfermedad.

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