A diferencia de otras partes del mundo, en Chile, el fenómeno de la Niña, que se inició en agosto de 2020, genera sequía, pues no favorece las precipitaciones. Su impacto es tal, que salvo las excepcionales lluvias estivales de este año, producidas por los llamados río atmosféricos, el fenómeno generó un invierno 2020 muy seco en el país.

Sin embargo, las últimas lluvias producidas en la zona central del país (y que esta noche incluso podrían alcanzar a la Región Metropolitana) serán las primeras precipitaciones de todo el otoño en la capital, generando además nieve. A la fecha, bajo los 3 mil metros no ha nevado en todo el año.

Pero además, el evento meteorológico marca el comienzo del fin del fenómeno de la Niña. Existe un 80% de probabilidades de que termine durante las próximas semanas.

Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago, señala que este año y otoño ha sido seco. “De concretarse las precipitaciones anunciadas para la zona central durante la primera semana de mayo, serían una excelente noticia considerando que prácticamente todo el país presenta condiciones de sequia. Desde la región de O’Higgins hasta la Patagonia los déficits de precipitaciones en lo que va corrido del año son superiores al 30%, y son particularmente intensos en la Región de Los Lagos, en donde el déficit actual de lluvias es superior al 60%”, dice.

La presencia de altas temperaturas y precipitaciones es una señal de debilitamiento del fenómeno. “Sin su presencia, son mayores las chances de tener un invierno ‘normal’, con lluvias cercanas a los valores típicos”, añade Cordero.

Sin embargo, este retiro solo podría ser parcial. Existen grandes chances de que La Niña vuelva en septiembre. Sería la primera vez en una década que se registrarían dos fenómenos de La Niña de manera consecutiva. La última vez que esto sucedió fue en 2010 y 2011.

Debilitamiento progresivo

El otoño relativamente seco (hasta la fecha) es una herencia de La Niña. “Este enfriamiento anómalo en la superficie del pacífico tropical, frente a las costas de Ecuador y Perú, no favorece las precipitaciones en Chile. Probablemente haya influido en las débiles precipitaciones durante el otoño meteorológico hasta la fecha. Afortunadamente la Niña se está debilitando progresivamente”, añade Cordero.

El esperado final de la Niña (que podría ocurrir en mayo), “sería excelente y oportuna noticia para la zona central. Las precipitaciones anuales en la zona central dependen prácticamente de las precipitaciones que ocurren durante los meses de invierno, es decir, junio, julio y agosto. Si la Niña termina antes de junio, mejorarían nuestros chances de tener en la zona central precipitaciones cercanas o superiores a rangos normales”, explica el climatólogo.

El hecho de que durante las próximas semanas el fenómeno de la Niña desaparezca, “significa que la temperatura superficial del pacífico tropical vuelve a rangos considerados normales para la fecha. Es decir, la temperatura superficial del mar no va a estar, ni muy cálida (que es cuando ocurre El Niño), ni muy fría (que es cuando ocurre la Niña”, señala Cordero.

El climatólogo de la Usach aclara que la temperatura del mar podría no permanecer demasiado tiempo en rangos considerados normales. “Están aumentando las probabilidades de que el pacífico tropical vuelva a enfriarse a partir de septiembre. Eso significa que la Niña podría volver afectando negativamente otra vez las precipitaciones en Chile”.

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