Se acordarán mis adultos contertulios que, en el pasado, nuestros tranquilos barrios eran visitados por vehículos que perifoneaban estridentes… “vengan a ver… eeeel circo”, emulando las antiguas murgas que invitaban al pueblo a ir al circo… El entusiasmo infantil era instantáneo… todos queríamos ir a ver los payasos y los contorsionistas. ¡Oh paradoja! Ahora de viejos… el circo nos llega directamente a la casa.

La elección de las autoridades Constituyentes fue a todas luces un espectáculo circense: cada actor que aparecía en escena, cada contorsión que se daban los “colectivos”, cada reacción de las nuevas y juveniles “estrellas políticas”, así como todo lo que vimos… nos estaba dando cuenta que la realidad política del país ha cambiado radicalmente y que se nos vienen, no sólo sorpresas sino también días difíciles.

Dejando de lado las formalidades, las apariencias, y los semblantes personales que, dicho sea de paso, dejaban mucho que desear, fuimos testigos de una atmósfera que debemos tomar en serio… Nuestra realidad cambió, ya no somos el país de ayer; hoy estamos en manos de una nueva generación de políticos, no sólo desde un punto de vista etario, sino… de quienes tienen una forma distinta de entender al hombre y la sociedad, sus valores y su contexto.

Vivimos una sociedad política sin liderazgos manifiestos, estamental en su estructura, fragmentada en “colectivos” que velan sólo por sus beneficios, que relativizan los valores y el interés general. En esta realidad aparecen, desde diferentes vertientes, desconocidos personajes convocados por una “corriente refundacional” que no responde a los estereotipos tradicionales de derecha e izquierda y que desprecia a los políticos que quieren “llevar agua a sus viejos molinos”.

Si alguno de mis parroquianos cree que lo que estamos viviendo es una “fiebre pasajera”, esta pluma les sugiere pensar que, a muy poco andar, seremos gobernados por “una triada” que no tiene más de 35 años, y que no se trata sólo de personajes de la misma edad (G. Boric, C. Vallejos, C. Cariola, J. Jackson, I. Siches) sino de quienes mantienen entre ellos una estructura de pensamiento político, económico y social muy peculiar, a los que se les irán sumando los rostros que están surgiendo en la Constituyente… ¡Peligrosa mezcla!

Poco o nada tendrán que decir en esta nueva realidad los partidos políticos tradicionales, tanto de derecha, izquierda, centros, etc., menos si siguen pensando o buscando un “mesías” que los dirija en esta travesía por el desierto en el que se encuentran. Para ellos, sí llegó el tiempo de la refundación… y no sólo el de la restructuración. Es de esperar que al menos los partidarios de la Sociedad Libre así lo entiendan.

Después de analizar “in extenso” las señales que se desprendían del patético espectáculo circense dado por la Convención, y de comentar la larga “noche de 8 rondas electorales” animada por payasos, contorsionistas y encantadores políticos, un melómano parroquiano selló graciosamente la tertulia tarareando “…que las rondas / no son buenas/ hacen daño/ y dan pena…”

Cristián Labbé Galilea

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