Y volviendo a La Araucanía, para Pablo Ortúzar, “la vía armada del etnonacionalismo mapuche llegó a un callejón sin salida”.

Porque según él, “los grupos violentistas tienen la fuerza suficiente para alterar gravemente el orden público y degradar el Estado de Derecho en las zonas en que operan”, pero “no tienen la capacidad de construir y sostener un orden institucional propio”.

Al final, apunta, “sólo les alcanza… para crear un vacío de autoridad, el cual comienza a ser aprovechado por organizaciones criminales de todo tipo”.

Con un Héctor Laitul obligado a radicalizarse ante el desafío de grupos más extremos “el violentismo puede seguir en aumento”. Pero, apunta, ya es “la empresa desesperada de un lote condenado”, porque “en el plano del poder, están liquidados”.

/Por Juan Paulo Iglesias, Boletín semanal de Opinión de La Tercera

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