Algo que en parte comparte Pablo Ortúzar –eso del reordenamiento-, porque según él si algo está claro es que “nuestro sistema político se encuentra trabado hace tiempo”. Un desperfecto, apunta, que tiene origen constitucional. Y si bien el modelo creado por la constitución del 80 y de 2005, asegura, tuvo consecuencias positivas –“a él le debemos buena parte del crecimiento de los 90 y 2000”, dice- también tuvo “efectos corruptores”. Por eso, para Ortúzar, “una nueva constitución (…) es un paso fundamental para destrabar y recuperar nuestro sistema político de manera decorosa”. Nada de dicotomías entre “hacerse cargo de las necesidades de la gente” y cambiar la Constitución, dice. Sin un sistema “rehabilitado” no habrá prosperidad futura.

/Por Juan Paulo Iglesias, Boletín semanal de Opinión de La Tercera

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