La confesión de Rodrigo Rojas Vade sobre su supuesto cáncer no solo fue sacando sus trapitos al sol. También deja una sensación amarga de que algo nos tiene que estar pasando como sociedad, ya que hemos sido incapaces de prevenir este tipo de acciones que reflejan laxitud moral. ¿Acaso la democracia no nos pertenece a todos y, por lo mismo, no recae sobre nosotros la responsabilidad de cuidarla? Me pregunto (hágalo usted también) cómo llegamos al punto de que un representante “del pueblo”, legitimado por la mesa de la Convención para ser uno de sus vicepresidentes, llevó a cabo, con total desparpajo, una farsa que pasa a llevar la dignidad a la vez que maltrata a quienes sí sufren de cáncer (aunque más bajo aún cayeron quienes tuvieron la desfachatez de enviarle muestras de apoyo).

Por otra parte, la imprudencia del “Pelado” (que, para colmo, tampoco lo es) trascendió rápidamente nuestras fronteras apareciendo en diversos medios internacionales. Qué vergüenza, ya que no sólo la credibilidad de la Convención se ve manchada, también nuestra reputación.

¿Cuándo comenzamos a hacernos los lesos frente a los excesos? ¿Será porque dejamos de hacer una introspección sobre nuestras virtudes? Y, por último, ¿cuáles han sido los valores que hoy nos reflejan como nación? Preguntas difíciles que no apuntan a ser debatidas sólo por analistas o académicos, ya que subsanar la contaminación del ambiente cívico requiere, además de ciudadanos comprometidos, muestras concretas de líderes que no evaden sus responsabilidades para hacerse cargo de los otros posibles Rojas-Vade-en-potencia, cuyas acciones deshonran a las instituciones y carcomen la fe pública, pero con un bajo costo personal.

Tom Nichols, académico de Harvard y autor de varios libros sobre política y sociedad, ha expresado que las democracias se han vuelto frágiles debido a que (ponga atención) usted, yo, todos, tenemos una cuota de responsabilidad al convertirnos en lo que él define como “narcisos políticos” más interesados en nuestro metro cuadrado que en salir de nuestra zona de confort (ouch). ¿También le dolió? Bueno, de eso se trata, ponerse algo incómodo y masticar bien lo que propone una de las mentes más provocadoras, acorde a medios como POLITICO, para analizar las tendencias que afectan la vida pública y política de un país. En buena hora que alguien “toque la campana” para enfatizar que no sólo los PEP (Personas Expuestas Políticamente) son los responsables de rectificar contradicciones como las de Rojas Vade, entre otros.

El ejercicio de mirarse en el espejo para evaluar la propias conductas sin caer en autocomplacencia es lo que intelectuales como Nichols proponen no para auto flagelarse, sino para detenerse a reflexionar sobre lo que cada uno puede aportar para fortalecer la amistad cívica. No obstante, en una sociedad individualista como la actual -donde las personas son más educadas, pero también más ensimismadas y con menor apego a ciertas virtudes como la prudencia, la justicia o la verdad- no es de extrañar que nosotros hayamos debilitado nuestra capacidad para confiar, compartir y dialogar. Por lo tanto, esperar a que sean otros los que se cuestionen o cambien de actitud no sirve para opacar las mañas de algunos que ni se arrugan para decir medias verdades o creer que sus ideas son las únicas que merecen ser validadas.

Tras conocer lo de Rojas Vade habría que sentarse a pensar en serio (mirándose en el espejo) sobre por qué se creyó lo suficientemente autónomo para transgredir límites que debiesen ser infranqueables en una democracia; ya que este tema no se trata de derechas o izquierdas, sino de que reconozcamos que, más allá de la mentira, comienza la indecencia un verdadero cáncer social que nunca se ha tomado en serio lo que significa: bien común.

Escrito por Paula Schmidt para el Líbero

/gap