Al final, para Max Colodro, lo sucedido “deja un aprendizaje muy importante para la democracia: no se puede apostar al uso o aprovechamiento de la violencia, por muy legítimo que parezca el fin deseado”.

Un asunto de legitimidad de origen, dirán algunos –que parece un irónico espejo de lo que gatilló el proceso constitucional.

Pero para Colodro, el asunto va mucho más allá. “El proceso constituyente”, dice, “intentó imponer un imaginario de Chile basado en la exclusión”.

Y lo que viene ahora es un complejo camino para recomponer las confianzas necesarias para retomar el proceso constituyente, lo que sólo se logra, dice, “asumiendo y respetando los compromisos asumidos por todos los sectores”. “Será difícil”, apunta y “es un camino no asegurado”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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