El peor error que pueden cometer los líderes de la derecha chilena de cara a la campaña por el Rechazo para el plebiscito del 4 de septiembre es creer que el desafío consiste en hacer una buena campaña de marketing. Porque el Rechazo debe apelar al sentido común y hacerse cargo del deseo de cambio que existe en el país, lo esencial es articular un mensaje aterrizado que logre comunicar que, aunque sea normal querer una nueva constitución para que se convierta en la casa de todos y para todos, la convención constitucional está tratando de que el país se vaya a vivir a una casa embrujada.

La derecha chilena ha sido notoriamente deficiente en su desempeño en campañas electorales. De las 8 contiendas presidenciales realizadas entre 1989 y 2021, ha ganado solo dos. La desastrosa derrota de ese sector en el plebiscito de 1988 y en la mayoría de las elecciones municipales realizadas desde 1992 muestra que la derecha no entiende bien cómo aplicar el marketing a las campañas electorales. En 1999, después de ser derrotada por Ricardo Lagos en una elección presidencial realizada en medio de una feroz crisis económica, la derecha insistió en levantar la peregrina idea de que esa elección había sido un empate. Esa victoria moral que la derecha quiso atribuirse le impidió entender que habían perdido esa contienda. La derecha dio por sentado que Lavín era el candidato ungido para la elección de 2005 y se sentó a dormir en lo que creía era una victoria segura. Al final, Lavín ni siquiera logró pasar a segunda vuelta en 2005.

A partir de 2009, la derecha ha subcontratado su destino electoral a lo que pudo hacer Sebastián Piñera en sus dos campañas presidenciales exitosas. Pero como buen caudillo derechista, Piñera no permitió que crecieran liderazgos alternativos en su sector. Después de su estrepitoso fracaso en cambiar el rumbo que había tomado el país bajo el segundo de gobierno de Bachelet —subrayado por el forzado cambio de planes en la hoja de ruta gubernamental producida después del estallido de 2019—, Piñera se hundió en la impopularidad y con él se terminaron de hundir los partidos de su coalición. El mal desempeño de la coalición derechista en las elecciones para la convención constituyente y en las elecciones presidenciales y legislativas de 2021 mostró la profundidad de la crisis por la que atraviesa.

Pero como la vida siempre da sorpresas, la inflación galopante, el estancamiento de la economía, y la rápida caída en la aprobación al presidente Gabriel Boric han generado algo de incertidumbre sobre el resultado del plebiscito de salida el 4 de septiembre. La radicalización de la convención constitucional produjo un texto maximalista, indigenista, desordenado y refundador que ha hecho que muchos de los que votaron a favor de iniciar el proceso constituyente ahora estén reconsiderando sus posturas. No por nada las encuestas muestran un aumento en los indecisos y una caída sustantiva del Apruebo.

Esto no quiere decir que el Rechazo tenga la elección ganada el 4 de septiembre. De hecho, el gran problema que tiene es que mucha de la gente que rechaza la forma en que se llevó adelante el proceso constituyente rechaza todavía con más fuerza a la derecha chilena. Mucha gente que duda de los méritos del texto de la nueva constitución tiene reservas todavía mayores sobre lo que implica votar Rechazo. Incluso aquellos que creen que la convención constitucional hizo mal la pega tienen una visión todavía más negativa sobre la derecha chilena.

Como si no entendiera su problema de mala reputación, la derecha chilena insiste en usar las mismas artimañas de siempre para tratar de producir resultados diferentes. La promesa de Rechazar para reformar es un chiste que se cuenta solo cuando sale de la boca de aquellos que sistemáticamente se opusieron a apoyar reformas razonables, moderadas y necesarias para profundizar el modelo social de mercado e introducir más competencia al capitalismo chileno.

Por eso, aunque todo el mundo repite que la mejor chance de una victoria del Rechazo está en que se logre separar a esa opción de la derecha chilena, la derecha partisana insiste en apropiarse de la bandera del Rechazo. Un ejemplo reciente de lo mal que lo hace la derecha cuando quiere ayudar al Rechazo es un spot en redes sociales que se viralizó en el que una mujer da sus razones para votar Rechazo. La mujer resultó ser una actriz que explicó su participación en el video como “una pega más”. La polémica que se produjo llevó a cuestionar la veracidad de los testimonios del video. O sea, fue un tiro por la culata para la campaña del Rechazo. En vez de ayudar, el video terminó confirmando la sospecha de que la derecha no puede convencer con argumentos, necesita comprarse apoyos. Es verdad que a veces es mejor grabar videos de marketing con actores profesionales. Pero cuando se trata de una campaña que dice representar a la gente normal, no hay mejor vocería que los testimonios de personas comunes y corrientes.

La campaña para el plebiscito del 4 de septiembre recién comienza. Hay mucha gente indecisa. El resultado todavía es incierto. Pero es evidente que mientras más presente esté la derecha tradicional en la campaña —o mientras más intente esa derecha manejar los hilos de la campaña detrás de bambalinas—, más fácil será para muchos de esos indecisos optar por la opción Apruebo porque, lisa y llanamente, son incapaces de hacerse a la idea de votar de la misma forma que votará la derecha tradicional en Chile.

Por Patricio Navia, sociólogo, analista político y profesor de la UDP, para El Líbero

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