La economía global experimentó una profunda contracción el año 2020, afectada por la pandemia del coronavirus y por las medidas obligatorias y voluntarias adoptadas para evitar los contagios. Estas medidas impactaron con fuerza la movilidad y la actividad. Después de una gran contracción en el primer semestre del 2020, la economía global se recuperó con fuerza en el tercer trimestre, apoyada por la disminución de los contagios y por las agresivas políticas fiscales, monetarias y regulatorias de los países avanzados.

Entrado el otoño y el inicio del invierno en el hemisferio norte, los contagios aumentaron con fuerza en los países de esa región del mundo. Además, recientemente ha aparecido evidencia de mutaciones más contagiosas del virus, lo que ha llevado a varios países europeos, especialmente al Reino Unido, Alemania, Francia e Italia a reintroducir restricciones a la movilidad, que van a afectar la recuperación de la economía global en los próximos meses.

Sin embargo, esto sucede en paralelo con desarrollos revolucionarios de varias vacunas que han resultado más efectivas de lo esperado, lo que anticipa avances importantes en el control de la pandemia a partir del segundo semestre del 2021. Con todo, aún nos queda un largo camino por recorrer para implementar un proceso de vacunación efectivo y a gran escala. Este proceso presentará dificultades por el rechazo de una parte de la población a las vacunas y por dificultades de los gobiernos para implementar una vacunación expedita. En el intertanto, especialmente con las mutaciones más contagiosas del virus, es urgente intensificar las medidas de prevención.

Con las economías avanzadas desacelerándose y los contagios en aumento, estos países han reforzado sus programas de apoyo. En Estados Unidos, aunque la confrontación política demoró la extensión de los programas fiscales, finalmente se aprobó un programa importante de apoyo fiscal. La FED, por su parte, decidió mantener la compra de bonos en por lo menos US$ 120 billones mensuales y extendió su horizonte de compras.

En la zona euro, el fondo de ayuda creado hace unos meses para apoyar a los países miembros más golpeados por la pandemia se apresta a operar. El BCE introdujo recientemente nuevas medidas de mitigación, destacando la expansión de la compra de bonos de su programa de emergencia por la pandemia y la extensión de su programa de financiamiento bancario en condiciones favorables por 12 meses, hasta junio de 2022.

La incertidumbre sobre la trayectoria de la pandemia, el alto desempleo y la débil inflación hacen prever que los estímulos se mantendrán por más tiempo de lo esperado inicialmente, dado el gran deterioro que sigue mostrando el mercado laboral.

Con estas nuevas dosis de estímulo y los avances proyectados en la vacunación, se espera que la economía mundial retome su recuperación en el segundo trimestre, liderada por China y los Estados Unidos, llevando su crecimiento de este año a una tasa entre el 4,5 y el 5,5%, después de haberse contraído en torno al 3,7% el año 2020.

Con este cuadro, los mercados financieros anticipan una menor incertidumbre sanitaria de mediano plazo y una recuperación más sostenida. Como resultado, aumenta el apetito por riesgo, aumentan los flujos de capitales a los países emergentes, suben los precios de las acciones en los mercados globales, el dólar se deprecia y suben los precios de los productos primarios.

En tanto, las perspectivas de los países emergentes mejoran en forma importante, especialmente aquellos que han asegurado un buen abastecimiento de vacunas, que cuentan con buenos sistemas de salud para gestionar los contagios y acelerar la vacunación, y que han logrado mitigar los efectos de la pandemia en los hogares, las empresas y los trabajadores manteniendo sus equilibrios macroeconómicos, sin debilitar severamente su solvencia fiscal.

En el caso chileno, aunque se puede criticar la lentitud inicial del Gobierno en desplegar las ayudas económicas, se ha hecho un muy buen trabajo de apoyo a los más afectados y en el manejo de la emergencia sanitaria. De hecho, en esto último, en el Ranking de Resiliencia al Covid de Bloomberg, Chile aparece como el país mejor rankeado de América Latina y por encima de Estados Unidos y de muchos países europeos. Con todo, el aumento pronunciado de los contagios de los últimos días es muy preocupante.

La mejora esperada en el entorno externo se traduce en mejores perspectivas para nuestras exportaciones, un mejor precio del cobre y condiciones financieras externas más favorables. Sin embargo, para beneficiarnos de estas mejores condiciones externas tenemos que controlar la pandemia primero. Los aumentos recientes de los contagios obligan a reforzar las políticas de salud y las medidas de autocuidado y, de ser necesario, recurrir a restricciones a la movilidad. La muy necesaria respuesta sanitaria al aumento en los contagios afectará la recuperación de la actividad y del empleo en el corto plazo, y dado el grave problema de empleo que ya enfrentamos —hoy tenemos un millón de empleos menos que los existentes antes del estallido —, será necesario extender por unos meses los programas de subsidios de desempleo, de protección del empleo e ingreso familiar de emergencia y al mismo tiempo reforzar los programas de créditos con garantía del Estado.

Pero vamos a necesitar más que la mejora del entorno externo y nuevas medidas de mitigación para retomar un crecimiento sostenido, dado que la economía chilena se encuentra debilitada no solo por la pandemia, sino que también por ocho años de bajo crecimiento y baja inversión que han redundado en una caída continua en la tasa de crecimiento tendencial, la que hoy se estima en torno a solo un 1,5% anual, y una serie de problemas internos, que se hicieron patentes con el estallido de octubre del 2019 y su violencia asociada.

A lo anterior se agregan otra serie de factores que han surgido en los últimos 15 meses: (1) un proceso constitucional que tomará cerca de dos años en completarse, con un plebiscito acerca de la Constitución que se termine redactando; (2) un Congreso cada vez más populista que debilita la institucionalidad, se autoproclama como un “parlamentarismo de facto”, desprecia las opiniones técnicas y se atribuye iniciativas que debilitan la solvencia fiscal; (3) un sistema político cada vez más fragmentado, que hace cada vez más difícil gobernar y avanzar en soluciones a los problemas de los chilenos (pensiones, seguridad, salud, educación y modernización del Estado); y (4) el regreso de la violencia, su débil condena política y un Estado poco eficaz en su control.

De este modo, tenemos que vivir con incertidumbre interna por bastante tiempo hacia adelante, con efectos negativos en la inversión y el crecimiento tendencial. La tragedia es que sin un crecimiento más alto y sostenido será muy difícil solucionar los problemas más acuciosos que enfrentamos hoy. La postergación de las soluciones a estos problemas agudizará tanto el malestar de las clases medias como los problemas sociales.

/Escrito por Vittorio Corbo para El Mercurio

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