Las primarias presidenciales terminaron con dos figuras en alza: Gabriel Boric y Sebastián Sichel. Ellos derrotaron a los favoritos, Jadue y Lavín, y se posicionaron al inicio de la campaña por la primera vuelta presidencial en el mejor lugar de la grilla.

Sin embargo, ambos candidatos han perdido terreno. Gabriel Boric no ha subido un solo punto y Sebastián Sichel derechamente ha bajado varios. El candidato independiente de la centroderecha ha sufrido duros ataques de Yasna Provoste y Boric. Se le atribuyó ser lobista por su condición de abogado, en circunstancias que cuando ejercía funciones propias de la profesión no había en nuestro país legislación sobre el lobby, y más encima se le acusó de mentir porque no aceptó ese calificativo. Se le tildó de candidato de los empresarios, como si no hubiera empresarios que apoyan a otras candidaturas. También cometió errores no forzados, al negarse a contestar si había retirado o no el 10% de las AFP, como si hubiera algo reprochable en hacerlo una vez que éste ya se había aprobado. La campaña de guante blanco que Sichel tuvo en las primarias no se repitió, como es obvio, cuando tuvo que enfrentar a la izquierda; poco tolerante, se sabe, con la posibilidad que gobierne la centroderecha como lo puede atestiguar Sebastián Piñera. Otro error estratégico de Sichel pudo ser no diferenciar la campaña de primera vuelta (donde tiene que seducir al electorado afín) con la de segunda vuelta (donde debe apelar a muchos que no lo tenían como primera preferencia).

José Antonio Kast, en cambio, ha tenido dos ventajas que ha aprovechado bien: no ha sido hasta ahora el blanco favorito de la izquierda, aunque ahora lo será; y ha tenido un discurso meridianamente claro, de primera vuelta, donde aspira a captar la mayoría del electorado de centroderecha con su rechazo a la violencia y la interpelación a los abusos de los políticos y empieza a penetrar el centro apelando simplemente al sentido común. Con todo, ambas candidaturas de centroderecha se necesitan, pues es imposible ganar en segunda vuelta sin el aporte de un caudal importante del postulante que saque menos votos entre ellos. La falta de serenidad puede poner en peligro ese objetivo.

En la izquierda, Gabriel Boric se ha llenado de errores no forzados. Sus equivocaciones en materia de cifras denotan una falta de comprensión del mundo real que es inquietante y que ha empezado a permear en el electorado, que se pregunta si está preparado para ser presidente de Chile. De Yasna Provoste no recibió crítica alguna en los primeros debates; más bien, protagonizaron una suerte de tongo aprovechando siempre de criticar a la derecha.

La debilidad de Boric se transformó entonces en una gran oportunidad para la candidata del Nuevo Pacto Social. La inexperiencia del candidato de Apruebo Dignidad y su posicionamiento de izquierda dura le daban la posibilidad de mostrarse como una opción más moderada. Así le fue sugerido por su propio comando. Sin embargo, ella ha desoído esos consejos y continúa mostrando su perfil de izquierda. Ha sido renuente a retirar su firma del proyecto que indulta a quienes cometieron delitos luego del 18 de octubre, restando así muchos votantes hastiados de la violencia a su candidatura. El maquillaje de su propuesta, agregando una comisión que estudie los casos de detenciones y personas perjudicadas, no borra su proyecto, aún en tramitación en el Congreso. Se ha transformado en guaripola del retiro de 10%, criticando a Carolina Goic y demostrando su desprecio por las políticas públicas, por los pensionados y por los deudores hipotecarios, todos los cuáles son perjudicados por los retiros. Un crédito que antes costaba 3.000 UF sube a 3.500 UF por efectos del cuarto retiro. En cada oportunidad que tiene, muestra su odiosidad hacia la derecha, negándose a ampliar el arco de las preferencias de la centroizquierda disputando votos de centro.

Así, como en la fábula de Esopo, Yasna Provoste se ve perjudicada por su propia naturaleza y no podrá cruzar el río pues en el trayecto clava su aguijón izquierdista sobre la base que podría sustentar una candidatura exitosa.

Por Luis Larraín, economista, para ellibero.cl

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