El camino económico para el gobierno de Gabriel Boric, que recién comienza, ya luce pedregoso. La alta inflación que se ubica en 10,5% en doce meses y la perspectiva de desaceleración económica prevista en el Informe de Finanzas Públicas (IFP) para este año y el próximo, con una estimación del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1,5% y 0,4%, respectivamente, anticipan un viento en contra que habrá que saber sortear.

Y si bien para 2024 y 2025 las proyecciones de expansión de la economía mejoran a un 3% para ambos años, de todos modos el promedio esperado para esta administración es de apenas 2% en su cuatrienio.

Así, de concretarse este pronóstico, el período de gobierno de Boric sería el segundo de menor crecimiento desde 1990, superando sólo al del segundo mandato de Michelle Bachelet, que anotó una expansión promedio del PIB de 1,8%, y algo inferior al 2,6% de la segunda administración de Sebastián Piñera.

El crecimiento de la economía desde el regreso a la democracia, cuando el gobierno de Patricio Aylwin logró una expansión promedio de 7,4%, ha mostrado una disminución bastante sostenida: el mandato de Eduardo Frei Ruiz-Tagle registró un 5,5%, mientras que el de Ricardo Lagos concluyó con un 4,8%. A su vez, el primer ciclo de Bachelet se despidió con un 3,5%, mientras que la excepción fue en el mandato de Piñera 1, donde se anotó un promedio de 5,4%.

Esa es la fotografía de la historia y cada período tuvo algunas complicaciones externas, siendo las más agudas la crisis asiática que afectó a fines del gobierno de Frei y principios de Lagos. En la primera administración de Bachelet, hacia fines del período, llegó la crisis subprime. El segundo gobierno de Píñera se enfrentó a la crisis del Covid-19, mismo factor que condiciona las perspectivas de actividad del actual gobierno de Boric, más los efectos de la guerra en Ucrania.

Los analistas consultados advierten que la proyección de 2% para estos cuatro años tiene riesgos a la baja, pudiendo ser menor a ese nivel previsto. Felipe Alarcón, economista de Euroamerica, sostiene que “si hay que agregarle un sesgo a esa proyección, es a la baja, dado un escenario interno y externo inusualmente incierto, y cuya resolución o desenlace podría tomar mucho tiempo”.

Mientras que Francisca Pérez, economista principal de Bci, acota que “nuestras estimaciones son algo más bajas del 2%, con un promedio cercano al 1,5% de crecimiento para el PIB en el escenario base. El próximo año creceremos cerca de 0% y la recuperación será más bien lenta”. En ese sentido, enfatiza que “en estos momentos vemos que los riesgos negativos son más altos que un escenario positivo. Nuestro escenario negativo es que el período promedie en torno a 0%”.

Carlos García, académico de la Universidad Alberto Hurtado, subraya que “un 2% es optimista, difícilmente llegaremos a esa cifra”. Y Carolina Grünwald, economista jefa de Banchile, menciona que en su proyección base “tenemos un escenario bastante alineado con el IFP para los años 2022 y 2023. Sin embargo, los años siguientes el IFP incorpora una cifra del 3%, por sobre el crecimiento de tendencia estimado. Eso me parece que es un poco optimista”.

De esta manera, los consultados se inclinan más por un crecimiento promedio que se sitúe en torno a 1,5%. De concretarse, sería el período de menor actividad desde 1990.

Los riesgos

Los riesgos que ven los expertos son variados. Hay internos y externos. Los primeros están radicados en una inflación que no cede y, por ende, una tasa de interés que seguirá subiendo, lo que podría llevar a un “frenazo” mayor de la actividad el próximo año. A ello se suma la incertidumbre por el proceso constitucional, que más allá de que en septiembre se conocerá el resultado del plebiscito de salida, la implementación, en caso que se apruebe el nuevo texto, no será de un día para otro, lo que podría afectar las decisiones de inversión.

A nivel externo, los riesgos están asociados a la extensión de la guerra entre Rusia y Ucrania, y a la política monetaria en Estados Unidos, que podría ser más agresiva de la prevista, afectando la recuperación mundial.

Marco Correa, economista jefe de BICE Inversiones, sostiene que “si el conflicto internacional sigue escalando o el proceso político social que está enfrentando el país produce más incertidumbre, podríamos ver cifras más bajas. Algo similar sucedería si la inflación no cede y el Banco Central se ve obligado a mantener tasas de interés más altas por más tiempo”. Como contrapartida, entre los riesgos positivos está un ciclo donde los precios de commodities como el cobre sigan subiendo, debido a una mayor demanda de China o producto de la transformación energética.

Para Alarcón, uno de los factores que puede llevar a que el crecimiento sea menor “viene por una eventual extensión del conflicto en Ucrania y sus consecuencias asociadas”. A ello suma una eventual recesión en Estados Unidos por el ciclo alcista de la Fed y una desaceleración más aguda en China. En el terreno local, los riesgos a la baja se concentran “en el proceso constitucional: uno, por normativas económicamente nocivas contenidas en el proyecto de Constitución, y dos, por un proceso constituyente que podría eternizarse, ya sea por constantes reformas si gana el apruebo, o por un nuevo proceso si gana el rechazo”.

La visión de García apunta a que “este año tenemos un peor escenario internacional por aumento del precio del petróleo, alimentos y tasas de interés internacional, junto con una política fiscal con menos holguras y un Banco Central subiendo tasas. Todos estos elementos indicarían un fuerte sesgo a la baja en las proyecciones de crecimiento”.

Francisca Pérez indica que “nuestro escenario base tiene como elemento principal una mantención de la incertidumbre política, donde la confianza económica no se recupera y eso debilita las instituciones”. En ese contexto añade que “creemos que si gana el apruebo será por un margen muy bajo, dándole poca legitimidad a la nueva Constitución y que si gana el rechazo se impulsará otro proceso constituyente, lo que mantendrá a los agentes reacios a tomar decisiones de inversión y consumo”. Ahí, menciona que “los principales riesgos que vemos es una mayor tensión social y un gobierno que no logra contener la violencia y pierde el control sobre la agenda económica”.

Rodrigo Montero, decano de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma, afirma que “el balance de riesgos es negativo”, pero menciona que “la buena noticia es que aún es tiempo de volver a poner el crecimiento en el centro del debate. En lo personal, veo que la reforma tributaria pude hacer un guiño al crecimiento económico”.

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