Ante tanta desazón, y pensando que la autoridad -de un día para otro- decretó el feriado de los pueblos originarios, esta “devota pluma” se permite proponer que se agregue al santoral nacional a “San Pandemio… distractor”.

Este venerable beato nos ha sacado de los más difíciles momentos: impidió la caída del gobierno después del “18 O”; permitió que los políticos transaran la actual Constitución; alteró los calendarios electorales; restringió nuestras libertades y nos tiene discutiendo si vacunarse o no, … y así, muchos otros distractores. Con lo dicho… ¿Cómo San Pandemio no va a merecer un feriado… que además sea irrenunciable?

Distraídos por San Pandemio entre debates y cuarentenas, poca atención se ha prestado a lo que está pasando con la instalación de la Convención Constitucional, circunstancias en las cuales se está incubando un escenario muy delicado, del cual “ningún Santo nos va a salvar”.

Poco se ha dicho de las iniciativas adoptadas por un grupo no menor de convencionales que, autoconvocados por el referente “Vocería de los Pueblos”, se han arrogado el poder para tomar decisiones sobre la instalación y el funcionamiento de la Convención.

Entre otras cosas inhabilitaron la participación de toda autoridad republicana, desde el Primer Mandatario hasta el Presidente de la Corte Suprema, pasando por algún representante del Poder Legislativo, autoridades todas que cedieron sin decir ni “chus ni mus”, imponiéndose en definitiva la voluntad de los Constituyentes quienes resolvieron “en forma soberana” (sic) que la instalación era un tema de ellos y nadie más que de ellos… menos del Ejecutivo.

Lo que pudiera parecer nimio o irrelevante para muchos, incluso para los políticos que ni siquiera han alzado su voz ante esta “sediciosa articulación”, representa un escenario muy complejo y de insospechadas consecuencias.

Es cierto que las formalidades no siempre son relevantes, pero en este caso… sí lo son, porque su transgresión importa un trasfondo muy peligroso: se quebranta formal y objetivamente nuestro espíritu democrático, se desconoce consciente y explícitamente que la republica está fundada en el “imperio de la ley” y no en el “imperio de ´algunas´ personas”, ya que nadie puede arrogarse más poder que el que la ley le otorga.

Que los autoconvocados por la “Vocería de los Pueblos” asuman que tienen un “carácter soberano”, y que se nieguen a “conversar” con aquellos constituyentes que tienen una visión distinta del futuro, como lo hizo Carmen Frei ante un comentario del senador Chahuán, es un muy mal presagio y una advertencia de que no van a respetar el orden institucional.

Si, además, se piensa que los “autoconvocados” representan más de una mayoría simple (87 sobre 155) es fácil suponer que “harán bailar a la Convención” al ritmo que ellos definan, lo que nos advierte que vienen días muy complejos.

Por último, si alguien quiere distraer la atención invocando a San Pandemio, se equivoca: el diablo y sus “ángeles rojos” están con “la Vocería del Pueblo” y nos están notificando que… “golpe avisado no es traición”.

Cristián Labbé Galilea