Probablemente condonar o no el CAE no es uno de los mayores dilemas de Boric. Sí lo es, o debiera ser, para el ministro de Hacienda Mario Marcel, creo. O lo será cada vez más.

Pienso que para Boric no es dilema porque esta fue la promesa de campaña que le permitió ganar la presidencia al movilizar masivamente a los jóvenes de ese estrato. Son 1 millón 80 mil estudiantes con un crédito para estudiar que todavía no empiezan a pagar o están en mora. Podrá el gobierno atrasarse en hacerles un perdonazo. Pero dificulto que no se los dé cuando necesite de nuevo sus votos para sus parlamentarios o su sucesor.

Para el ministro de Hacienda el problema es más complicado. En las condiciones económicas actuales y previsibles, al menos por los próximos dos años, la necesidad de recursos fiscales y la competencia por el uso de ellos será inmensa. En poco tiempo cambiaron los vientos. Esta generación de jóvenes que nos gobiernan sólo había conocido tiempos de bonanza. Podrán haber reclamado mucho que los ingresos estaban mal distribuidos, pero alcanzaba para harto: estudios universitarios, comprarse todos los últimos gadgets, entradas carísimas a conciertos, comprarse autos y viajar. Eso era con “el vuelo” del principio de los terribles 30 años. En la última década, ya el crecimiento fue bajo, y ahora viene el mal tiempo y la resaca.

En este nuevo contexto el ministro de Hacienda y Presidente tendrán que decidir si los declinantes nuevos ingresos fiscales los destina a mejores pensiones, más Fonasa y gasto público en salud o pagarle y perdonarle los Créditos con Aval del Estado (CAE) que asumieron los estudiantes para su educación superior. Son como dos tercios que fueron a universidades y el resto a institutos técnicos-IPs y CFT. Veremos si en sus decisiones y en los hechos concretos, este Presidente y su coalición son consistentes con sus promesas de favorecer a los sectores más vulnerables para mejorar la mala distribución de ingresos que tanto han criticado. O si más bien tenderán a favorecer a los estudiantes; o sea, al grupo de interés principal que lo llevó y lo mantiene en el poder.

El asunto es también problemático o espinudo por el lado de la fuente o el origen de los recursos fiscales. La condonación del CAE compite con la reforma tributaria que el gobierno plantea. El 4% del PIB que espera recaudar Marcel de esa reforma alcanza a aproximadamente 11.000 millones de dólares, cifra muy parecida a los 10.000 millones a que asciende la suma de préstamos realizados al millón de estudiantes y que están impagos.

Para justificar la condonación algunos han argumentado que el 56% de los créditos estudiantiles ya lo absorbió el Estado. Eso es ficticio o engañoso. Aunque el Estado haya asumido una deuda que antes era de una universidad o de un banco, según la obligación de aval que tenía, siempre tiene la opción de cobrarle lo que debe a un profesional con un ingreso mayor gracias a los estudios que le financió en parte la comunidad nacional, representada en este caso por el Estado. Las cuotas regulares promedio a pagar son de sólo algo más de una UF, o sea, unos $35.000 mensuales. Esto es posible o razonable de pagar cuando el ingreso promedio de las 10 carreras técnicas peor pagadas es de $750.000 mensuales. Son $120.000 más que los $630.000 que es el ingreso promedio de la población ocupada según el INE (ver SIES en sitio www.queestudiarenchile.com). En el caso de las 10 carreras mejor pagadas, la diferencia es sustantiva, ya que ganan en promedio $2.430.000 mensuales, o sea $1.800.000 más que el promedio nacional.

Hay varias agravantes más para no caer en una condonación generalizada o masiva del CAE. Una es que la reforma tributaria será muy difícil de aprobar en este Congreso en que el Gobierno no tiene mayoría. Dos, que el Congreso anterior acaba de aprobar un alza significativa de impuestos en enero de este año (0,7% del PIB), en que “raspó la olla” de las fuentes más aceptables políticamente. Recaudó así un monto superior a U$2.000 millones para financiar la Pensión Garantizada Universal (PGU). Incluye nuevos impuestos a los leasing, a bienes raíces, a patentes mineras, IVA a servicios, a la construcción y más. En tercer lugar, si el gobierno insiste en llegar cerca del 4% del PIB de nuevos impuestos, probablemente tendría que elevar el IVA o empezar con subir el impuesto a la renta (Global Complementario) a las clases medias, incluyendo elevar el mínimo exento (hoy $750.000 mensuales) y las tasas a los tramos bajos. Más vale cobrar el CAE a quienes tienen perspectivas de mayores ingresos al haber estudiado más, que cobrarles a quienes no alcanzaron ese privilegio con fondos públicos. Y sobre todo, no alentar a dejar de pagar a los estudiantes que podrían hacerlo con anuncios poco responsables de una futura condonación general. Esos anuncios se hicieron cuando las condiciones económicas previsibles eran mucho mejores que las actuales.

Sugiero entonces que gobierno y parlamento consideren la Reforma Tributaria que se ha prometido presentar en sólo dos semanas más junto con el tema del CAE. Que se bajen las expectativas de condonación o postergación de pagos generalizada. E incluso que se considere el pago con trabajo en reparticiones públicas y municipalidades si entre las dificultades que se nos vienen el desempleo se eleva demasiado.

Por Ernesto Tironi, economista, para El Líbero

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