El próximo 7 de septiembre, tres días después del plebiscito que determinará si habrá nueva Constitución o no, el Banco Central deberá presentar su tercer Informe de Política Monetaria (IPoM) donde ajustará sus proyecciones de crecimiento, consumo, inversión e inflación. Además, delineará nuevamente cuál seguirá siendo la trayectoria de la tasa de interés.

En el IPoM de junio el Banco Central fijó un crecimiento de entre 1,5% y 2,25%, mientras que para la demanda interna proyectó un 1,4% con una caída de 4,8% para la inversión y de 2,8% para el consumo. Para 2023, en tanto, abrió la puerta para una recesión, ya que estableció un rango de crecimiento entre -1% y 0. En cuanto a las principales variables proyectó una caída de 3,4% para la demanda interna, con una baja de la inversión de -2,2% y una fuerte contracción del consumo de 3,7%.

Y para este IPoM, los economistas esperan que no haya grandes cambios en cuanto al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), sin embargo, para el próximo año si prevén que el ente rector pueda proyectar una mayor caída del PIB.

Si bien el crecimiento promedio del primer semestre fue mayor al esperado a principios de año, el Producto Interno Bruto (PIB) del segundo trimestre registró una menor expansión de la prevista. De acuerdo a las cuentas nacionales del Banco Central, el segundo cuarto del año la actividad se expandió 5,4% por debajo del 5,7% que se anticipaba y que promediaban los Imacec. Así, el primer semestre terminó con una expansión de 6,4%.

“Para nosotros, el dato del segundo trimestre no fue la gran sorpresa y se mantiene la perspectiva de crecimiento de 1,9% para este año, por lo cual no creemos que el BC cambie el rango para este año. Para 2023, esperamos un cambio, ya que vemos una caída mayor en la actividad de lo que tiene el BC, y por ello debería ajustar a la baja su rango a uno entre -1% a -2%”, sostiene la economista principal de Bci, Francisca Pérez.

Carolina Molinare investigadora del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, (OCEC-UDP) añade que “considerando que la economía creció menos de lo esperado para este segundo trimestre, las expectativas de crecimiento para fines de año también debiesen presentar un ajuste. Esperamos que el Banco Central fije un rango de 1,75% a 2,25%. Esto implica contracciones en los próximos dos trimestres”.

La economista añade que “la inversión seguirá mostrando un deterioro debido a la estrechez del mercado financiero donde la incertidumbre se mantiene elevada y la confianza empresarial se ha vuelto más pesimista”.

Felipe Alarcón, economista de Euroamerica espera que el BC fije un rango de 2% a 2,5% para el PIB de este año y de -1,25% a -0,25% para 2023. Y Soledad Monge, economista de LyD espera que deje un rango para este año 2022 entre 1,5% y 2,25%, mientras que para 2023 el rango se mantendría entre -1 % y 0%.

Inflación y tasa de interés

Donde sí esperan que haya un ajuste importante en las proyecciones es en la inflación.

En marzo, el BC esperaba que la inflación terminara en 5,6%, luego en junio la subió a 9,9%. Sin embargo, a julio el IPC anual acumula un alza de 13,1%, su mayor nivel desde marzo de 1994. Entre enero y julio acumula un alza de 8,5% y las divisiones de Transporte y Alimentos explican más de la mitad de la inflación en los últimos 12 meses.

Este escenario es el que para los economistas permite anticipar que nuevamente el ente rector se quedó corto con su estimación anual y por ello, en este informe que se presentará ante el Congreso la deberá volver a subir y dejarla entre 12% y 13%. “Las estimaciones de mercado y la de nosotros está bastante más por encima de ese valor. Debería volver a subir la estimación a fin de año y ubicarla en 12% anual”, dice Pérez. Un poco más arriba está la visión de Monge quien espera que la suba a 12,5% para este año.

Molinare subraya que “se debiese esperar un ajuste al alza de dos dígitos, considerando que el IPoM proyectaba una inflación no más allá del 13% para el tercer trimestre y dicha cifra ya se alcanzó en julio”. En ese sentido, comenta que “en el contexto internacional persiste el deterioro del crecimiento mundial con ajustes a la baja para los principales socios comerciales de Chile, como lo son Estados Unidos, China y Japón”. Así, bajo este contexto, prevé “un escenario de convergencia a la meta inflacionaria para el 4T de 2024 con un ajuste paulatino que considera una proyección de inflación de en torno al 5% a diciembre de 2023″.

Carolina Grünwald, economista jefe de Banchile, añade que claramente el Banco Central va a subir las proyecciones. “Nosotros actualmente vemos la inflación a fin de año en 12%. Al mismo tiempo el BC en diferentes publicaciones ha dado cuenta que los precios van más rápido de lo anticipado”.

Para el próximo año también los economistas esperan que la corrija al alza pasando desde el 2,7% a un rango entre 4,3% y 5%.

Con respecto a la política monetaria, los expertos coinciden en que el Central señalará que, al menos, se necesitan dos alzas en la tasa de interés. Hoy la tasa rectora se sitúa en 9,75% y las expectativas se empinan hasta 11% incluso.

“La tasa llegaría a 11%, por lo tanto, esperamos que el Banco Central apueste nuevamente porque el ciclo estaría cercano a su término, algo que ha hecho sistemáticamente en los últimos Informes, y que lamentablemente ha sido fallido dada la persistencia de la inflación”, sostiene Alarcón.

Molinare indica que “considerando que el panorama inflacionario se mantiene en un escenario pesimista para los próximos meses se debiese esperar una continuidad en los ajustes al alza en la Tasa de Política Monetaria por lo menos en dos reuniones más”.

Francisca Pérez asevera que todo dependerá de la inflación de agosto. Esto, porque a su juicio el BC está muy data dependiente. “Si es mayor a lo esperado, quizás veamos dos alzas, y si es igual quizás sea solo una. De todas formas, dejara claro que este es el fin del ciclo alcista, y que mantendría la tasa por un período, y las bajas dependerán de cómo evoluciona la inflación”.

Para Monge el ciclo alcista del BC está cerca de terminar, “de manera tal que su efecto sobre la demanda agregada, así como la menor inflación internacional apoyaran la convergencia de la inflación doméstica”.

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