Pero más allá de los desaciertos de la ministra, que según César Barros no son más que “hojarasca” como decía Lagos, es en la Convención Constitucional donde se juega el partido de verdad.

Y ahí el panorama no es mejor que el del complejo escenario que enfrenta el gobierno, más aún en la semana en que el Pleno le puso la lápida definitiva al Senado, pese a que algunos aún esperan que en el debate en particular se logren ampliar las facultades de la nueva Cámara de las Regiones.

Pero en los hechos, el Senado no va más. Es el fin de 200 años de historia o la muerte de “un trozo de la República” como dijo Max Colodro. La nueva sala de máquinas del futuro orden institucional empieza a definirse, aunque los engranajes parecen que siguen algo entrampados.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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