La Mesa del Agua impulsada por el Ministerio de Obras Públicas ha generado un diálogo concreto sobre el desafío que plantea el cambio climático para cada una de las cuencas de nuestro país, en donde se ve creciente rivalidad por un recurso cada vez más escaso.

En el caso del agua potable, el sistema tarifario ha generado precios que reflejan los costos de producción, así como el tamaño y proyecciones de la demanda futura. Es así como en el cuadro siguiente se pueden observar las tarifas de agua potable, por metro cúbico, tanto en situación normal como en sobreconsumo, sin incluir los otros servicios como alcantarillado. En situación normal, la tarifa más cara está en Antofagasta, donde el metro cúbico tiene un precio de $1.680, seguido de cerca por Copiapó, mientras que en el otro extremo se encuentra Santiago, donde el metro cúbico tiene un precio de $437, con economías de escala muy relevantes. Así, el agua en Antofagasta es 3,8 veces más cara que en Santiago.

Esta sustancial diferencia transmite la señal correcta, ya que el agua de Antofagasta, principalmente desalinizada, tiene un costo de producción muy distinto al del proceso habitual y eso evita conductas como tener jardines de prados extensos o lavarse los dientes con el agua corriendo. De igual manera, la tarifa de sobreconsumo, aplicada en el verano, transmite la señal de que un metro cúbico en ese momento del año tiene un costo mayor que en invierno. De hecho, desde Valdivia al sur esa tarifa de sobreconsumo no aplica, pero tal vez en el futuro sea necesario considerarlo.

Ahora bien, se ha planteado construir una planta desalinizadora en Valparaíso como solución para los problemas crecientes que se están exhibiendo, sin embargo, ello implicaría prácticamente duplicar la tarifa vigente de hoy, de $902 por metro cuadrados. ¿Están los habitantes de Valparaíso dispuestos a pagar del doble que hoy para asegurar el suministro? ¿Permitirá el sistema político que la tarifas suban y con ello se ajuste la demanda con la oferta?

Lamentablemente creo que la respuesta será negativa para ambas preguntas y la discusión de política pública solo nos llevará a una administración centralizada estatal de la escasez, manteniendo los precios actuales sin que exista espacio alguno para que cumplan su rol como asignadores de recursos escasos.

Escrito por Tomás Flores, Economista Senior de Libertad y Desarrollo,  para El Líbero

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