El 2021 marcará el inicio del fin del segundo gobierno de Sebastián Piñera. Para algunos un pato cojo que viene rengueando desde octubre del año pasado. Pero pese a ello, la mirada de varios columnistas por estos días es que pese a todo, el panorama no se ve tan oscuro para el mandatario como algunos habrían previsto hace algunos meses. Después de todo, pese al escaso apoyo que sigue marcando en las encuestas, hay varios hechos que hacen sacar más de una sonrisa en La Moneda. El actual escenario presidencial, por ejemplo, adelanta que las posibilidades de que el mandatario le entregue la banda a uno de los suyos son ciertas y las cifras económicas, especialmente de la mano del cobre, no parecen ser tan oscuras después de todo.

Lo escribe Max Colodro en su columna del domingo que titula precisamente La tranquilidad del fin. “Desde una lógica fríamente funcional, que la crisis sanitaria se prolongue en el tiempo, pero con el momento de la vacunación ya iniciándose; que la reactivación económica siga su curso, con el precio del cobre como en sus mejores días, y que tanto el proceso constituyente como el ciclo electoral dejen al gobierno en un rol secundario, paradójicamente puede ser para La Moneda el escenario ideal”, escribe. Y agrega un punto relevante: “Por insólito o surrealista que parezca con todo lo ocurrido este año, este segundo gobierno de Sebastián Piñera tiene muchas más probabilidades de asegurar la continuidad de su sector que su primera administración”.

Algo de eso también plantea Héctor Soto para quien “el cuadro de una administración que ha pasado largos meses en la penumbra más absoluta pareciera que finalmente está aclarando”. Según él, a ello han contribuido “el derrumbe de la imagen del Frente Amplio”; “el fuerte y transversal rechazo que está teniendo la iniciativa de la presidenta del Senado y de un grupo de senadores que buscan mejorar su rating en eso que llaman la primera línea”, y el triunfo oficialista que logró parar a tiempo la singular tentación de agregar, en nombre de los pueblos originarios, otros 24 constituyentes a los 155 (ya convenidos)”. Y si bien, agrega Soto, a Piñera “no le será fácil gobernar hasta el último día”, lo cierto es que 2021 será el año de los partidos no del gobierno.

Y en ese debate, el de los partidos vale la pena revisar dos reflexiones sobre el punto. La primera, de Alfredo Jocelyn-Holt sobre la ironía del pacto del Frente Amplio con el PC. “La necesidad genera acomodos y conveniencias extrañísimas y no son tiempo para andar regodeándose”, escribe. Y agrega: “sino, no se entiende que el PC pueda amistarse con lo que Lenin aborrecía, el infantilismo revolucionario, eso de creer que se puede ser más ultra que el PC. Y la segunda, la de Luis Larraín sobre el panorama en la derecha tras la salida de Desbordes y Sichel del gobierno. “Vistas las dificultades de la centroizquierda (…) la derecha tiene una oportunidad para recuperar algo del terreno perdido a partir del 18 de octubre de 2019 si es que enfrenta unida las elecciones”.

Unidad que en la oposición está lejos de lograrse y sobre la cual reflexionan Carolina Tohá y Pedro Güell en una columna en La Tercera Domingo, llamando a su sector a unificar filas. Según ellos, si bien “está claro que dentro del amplio campo que llamamos progresismo, oposición o centroizquierda hay diferencias de fondo” el actual momento exige dejarlas de lado. “Un conjunto de malas lecturas sobre nuestro pasado y sobre lo que significan nuestras identidades nos tiene a las puertas de un gran desperdicio histórico”, aseguran.

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