Otro milagro más. El Real Madrid salió vivo del duelo ante un City superior, con y sin balón, sobreviviendo a una mala noche defensiva en general. ¿Cómo lo hizo? Porque tiene a un delantero único, capaz de convertir dos goles en momentos de máxima exigencia con precisión y ese punto de genialidad lindando en locura que le llevó a transformar un penalti a lo Panenka. Después de haber fallado dos ante Osasuna.

Las dos dianas de Karim más otra de Vinicius, extraordinaria también, apañaron un siniestro defensivo provocado por un gran City, que aceptó un encuentro a la antigua. Prestó más atención al ataque y bordeó la goleada, luciendo a su ejército de ‘dieces’: Mahrez, De Bruyne, Foden, Bernardo Silva o Gabriel Jesus. Pero concede tanto como el Madrid, y lo pagó carísimo.

Todo empezó con un arreón brutal del City. En un equipo sin ariete, es lógico esperar la llegada de los interiores desde atrás. Sobre todo con futbolistas con tanta llegada como Kevin de Bruyne. En dos minutos, el belga había puesto en ventaja al City sorprendiendo entre central y lateral, aprovechando el centro espléndido de Mahrez desde la derecha. No lo vio llegar Valverde, no llegó Carvajal a corregir y el 1-0 destruía cualquier planteamiento previo. Peor aún. Con el Madrid perplejo, sin control de pelota y mal posicionado, concedió el segundo a los 10 minutos en un siniestro total de la defensa. Entró De Bruyne por izquierda, fue Militao a presionar con Carvajal cerca, centró al área, Alaba concedió la espalda al ir a despejar y Gabriel Jesus anotó con facilidad. De no hacerlo el brasileño, habría anotado Bernardo Silva, o Mahrez, con Mendy lejos de la jugada. Una calamidad tras otra.

El 2-0 hinchó al City, tan seguro con la pelota como sin ella. Al Madrid le costaba Dios y ayuda sacar la pelota desde atrás, reincidente en tratar de salir jugando, con De Bruyne en la punta de diamante de la presión. Pero al otro lado Ederson regaló un puñado de balones para animar el cotarro. Cuánto daño hace esa obsesión por convertir al portero en un pivote siempre y en todo lugar. Atenazado desde la primera imprecisión, regaló tres, con la tercera acabando en el poste, aunque estaba anulada por fuera de juego.

Eran minutos de superioridad , que circulaba como si las botas cytizen atrajeran la pelota con hilos invisibles. Atraían al Madrid y buscaban la superioridad, especialmente a la contra. En superioridad, perdonó Mahrez, solo, al rematar al lateral de la red, bien cerrado por Carvajal para evitar el pase de gol a Foden. También la tuvo el niño prodigio inglés, en un dos contra uno que cruzó demasiado. Salían a perseguir Alaba y Militao, dejaban un páramo a su espalda y el City lo explotó hasta que intervino Ancelotti. Sacó a Kroos del atolladero de ser pivote único y colocó al equipo en 4-2-3-1, con Valverde en sala de máquinas. Por la corrección o por el inmenso talento de Benzema, el Madrid volvió a la vida.

El francés convierte en oro cada balón que toca. Acudió a un córner y puso un centro brutal en la cabeza de Alaba, que cruzó por muy poco. A continuación, se situó a la espalda de los centrales, pidió el centro de Mendy y enganchó una volea de zurda picuda, mortífera, al palo. La Champions es el hábitat natural del francés, allí donde sólo crecen los más grandes. El gol sacudió al City, que además perdió a Stones por lesión. Guardiola metió a Fernandinho, un centrocampista veterano para medirse a Vinicius. Parecía mala idea, pero asentó a los cityzens con la pelota. Acumularon un par de ocasiones antes del descanso. Y de vuelta de vestuarios, con Nacho en el verde por el también lesionado Alaba, se echó arriba.

Falló Militao en un cruce dejando solo a Mahrez, que remató al palo, y de vuelta Carvajal salvó bajo palos el gol de Foden. Poco después, Vinicius perdió ante Fernandinho, no le siguió, el brasileño llegó como extremo y metió un centro perfecto para que Foden, sin vigilancia, cabeceara a la red. La bronca de Ancelotti a Vini por descuidar a su lateral encontró respuesta inmediata. En un balón muy similar al del 3-1 Vini citó a Fernandinho, le amagó, se fue en diagonal y buscó la portería, cruzando con la punterita. Definición de crack.

El 3-2 abrió un nuevo escenario mucho más equilibrado. El Madrid amenazaba con las contras, y al City le entraban las dudas. Es cierto que en cada ataque los ingleses atacaban los puntos débiles, entre los laterales y los centrales. Y hacían daño. Por allí apareció Laporte para rematar un centro-chut de Zinchenko, una amenaza por dentro y por fuera. En una incursión en diagonal del ucraniano salió Kroos, le volcó, no pitó la falta el colegiado y Bernardo Silva colocó en la escuadra. Camavinga parado, Courtois sorprendido… otro siniestro.

Pero no hay mayor superviviente que el Madrid. Pudo recibir el quinto, tras un jugadón de Mahrez tras pérdida de Mendy. Pero en un centro llovido, Laporte se marcó un Militao al tocar con el brazo de espaldas. Como en aquella noche ante el Sevilla, el árbitro pitó penati. Benzema, que había fallado tres de los últimos seis lanzados, se fue al punto de penalti y dejó una maravilla. Ni lado de seguridad, ni a romper ni gaitas. Un Panenka precioso, ni muy fuerte ni muy flojo, para apretar un partido de locos. Una eliminatoria vibrante que se resolverá en el Bernabéu. No se vayan todavía. Aún hay más.

/Escrito por José María Rodríguez para Marca de España

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