La actividad fabril de China se contrajo en agosto por primera vez en casi un año y medio por el golpe a la producción que dieron las medidas de contención del coronavirus, los cuellos de botella en el suministro y los altos precios de las materias primas afectaron la producción y dieron un golpe a la economía.

El PMI del sector que elabora Caixin/Markit mostró hoy una caída desde 50,3 en julio a 49,2 puntos. La medición gubernamental del mismo indicador no muestra contracción, lo que ocurre cuando se está por debajo del umbral de 50 unidades, pero sí una desaceleración a 50,1 desde 50,4, mientras que sí reconoce una baja en el área de servicios, que marca 47,5.

En el caso de la medición privada, el resultado estuvo por debajo de las expectativas de los analistas encuestados por Bloomberg, que habían pronosticado el índice en 50,1. En el detalle, el decepcionante resultado del indicador se explica en buena medida debido a que los nuevos pedidos de exportación se contrajeron por primera vez desde febrero, mientras que las fábricas despidieron a más trabajadores de los que contrataron.

“Los indicadores económicos oficiales de julio fueron peores de lo que esperaba el mercado, lo que indica una creciente presión a la baja sobre el crecimiento económico”, dijo Wang Zhe, economista senior de Caixin Insight Group.

Múltiples causas

A la hora de explicar la desaceleración que experimenta el gigante asiático, los análisis apuntan a diversos elementos. Julian Evans-Pritchard, economista senior para China de Capital Economics, plantea que “las encuestas apuntan a un empeoramiento de la escasez de suministro en medio del brote del Delta. Pero también hay indicios de que la demanda también se está debilitando”.

El experto precisa que “los cuellos de botella de suministro son en parte culpables. Los encuestados señalaron que las restricciones para contener el nuevo brote de virus afectaron el desempeño de sus proveedores, lo que provocó un empeoramiento de las demoras en el transporte y una reducción de sus inventarios”.

Asimismo, Evans-Pritchard sostiene que “las estrictas condiciones crediticias parecen estar pesando sobre la demanda interna, especialmente para los materiales de construcción. Y la demanda externa parece estar debilitándose a medida que los patrones de consumo global se normalizan en medio de la reapertura“.

/