Frente al contexto actual de pandemia, no solo el COVID-19 ha generado un impacto en la salud. Adecuarse a nuevas formas de vida, el confinamiento, el teletrabajo y el desgaste físico y emocional, ha dejado en evidencia un segundo problema aún más complejo: el deterioro de la salud mental de las trabajadoras y los trabajadores

El encierro, un futuro incierto y la posibilidad de enfermarse gravemente, entre otros factores, han generado que las atenciones por salud mental suban exponencialmente.

De acuerdo con cifras del Instituto de Seguridad Laboral (ISL), solo en el primer semestre de 2020, las patologías psicológicas calificadas como laborales aumentaron en un 279%, lo cual evidencia un crecimiento desmesurado en la exposición al riesgo por parte de las trabajadoras y los trabajadores. En el caso del primer semestre de 2021, crecieron un 133% más que el año pasado y ya se proyecta un incremento de un 40% durante este segundo período del año.

Considerando que este tema seguirá acompañándonos más allá de la pandemia, es clave integrar y promover ambientes sanos y saludables en los espacios laborales y en el teletrabajo, donde la prevención es una pieza fundamental en la instalación de una cultura que mitigue los riesgos psicosociales.

Enfrentar el problema de la salud mental en Chile es tarea de todos y no solo de los empleadores, ya que los organismos administradores también tenemos una gran responsabilidad.

Sin embargo, para que esta estrategia funcione, es muy importante que los actores involucrados trabajemos por combatir los efectos, tanto directos como indirectos, que genera esta pandemia, con el fin de asegurar el bienestar físico y mental de las trabajadoras y los trabajadores.

/Escrito para El Mostrador por Maniel Cañón