Esto último implicaría una situación combinada de crecimiento nulo con altas tasas de inflación.

Los especialistas consultados por el WEF tampoco llegan a un consenso en cuanto a si el aumento de precios es generalizado o si la presión de los precios está concentrada en algunos mercados de productos específicos.

“Existe el argumento de que la inflación se alimenta a sí misma. De que si pensamos en que el dinero perderá valor como resultado del alza de precios, entonces actuamos de forma en que eso ocurrirá”, señala el informe elaborado a partir del análisis de destacados economistas.

“Está claro que en la medida en que el mundo se encuentra en un punto de inflexión hacia la economía pospandemia, la manera en que reaccionen los gobiernos y los bancos centrales frente a la inflación será crucial”, agrega.

Para el economista de investigación del Barclays, Christian Keller, mientras la curva inflacionaria ha permanecido dentro de los rangos históricos, la evolución del mercado de trabajo -particularmente en Estados Unidos- ha sorprendido, por el aumento de salarios ante la falta de mano de obra.

En el sector energético concretamente, el economista en jefe de la firma noruega Equinor, Eirik Waerness, sostuvo que una inflación alta podría tener un impacto negativo en la transición energética, sobre todo por el ajuste en los costes de materias primas y mano de obra, así como por las tasas de interés más altas.

Para la economista en jefe de la brasileña Petrobras, Rafaela Guedes Monteiro, en los próximos meses se sentirán consecuencias de los altos costes de la energía en la inflación, y vaticinó que éstos seguirán a niveles elevados hasta principios de 2022, aunque después habrá una estabilización y la contribución de la energía en la inflación empezará a disiparse.

“La fuerza del shock dependerá de cómo responden los bancos centrales”, recalcó.

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