Estimado(a) Sr.(a) Presidente(a):

Sin duda, Ud. se habrá dado cuenta, quizás mejor que yo, que los próximos años se vienen difíciles para Chile. Me atrevo a robarle unos minutos de su tiempo para compartir con Ud. algunas sugerencias.

Primero, estoy preocupado por la pérdida de confianza entre los chilenos. Es muy lamentable que no podamos conversar ni intercambiar ideas sin enfurecernos con nuestro interlocutor y considerarlo un enemigo. El Parlamento ha hecho gala de esta falta de capital social y amistad cívica lamentables. Pero ella se extiende a muchos sectores del quehacer nacional.

Creo que su primera tarea será intentar un reencuentro entre los chilenos. Como ya los chilenos lo hemos dicho en forma clarísima, queremos vivir en un país más próspero, pero también más equitativo, con igualdad de oportunidades para todos los que nacen o se asientan en esta tierra. Y en paz. Los chilenos aborrecemos la violencia. Ese reencuentro solo se puede conseguir con diálogo y consensos, que se harán más complejos que hace 30 años, por la fragmentación del Parlamento y de la sociedad. No necesito recordarle las reformas que están pendientes. Ud. y todos las conocemos de sobra.

En la situación que nos encontramos, saliendo (¡ojalá!) de una pandemia que ha afectado a tantos compatriotas y una explosión de descontento que justo antes había paralizado la economía, hay tareas urgentes que no podrán postergarse. Por lo tanto, la segunda tarea será recuperar todos los empleos perdidos, que ojalá sean empleos formales.

Tercero, el país se ha endeudado durante la pandemia y se ha gastado prácticamente íntegros los fondos soberanos, que nos daban un colchón frente a imprevistos. Por lo tanto, la consolidación fiscal será indispensable. Esto no es un problema tecnocrático. Si no lo logramos, todos los chilenos sufriremos sus consecuencias. Ya lo estamos viendo en el encarecimiento y disminución de plazos de los créditos hipotecarios. Una deuda pública fuera de control se traducirá en mayores tasas de interés para todas las empresas y consumidores, lo que tendrá efectos nefastos sobre las empresas y los hogares.

Por último, desde 2008 a 2020 la economía ha crecido a una tasa anual de algo menos de uno por ciento per habitante. Con tasas como éstas, ningún cambio social duradero será posible. La experiencia internacional nos dice que, para un país pequeño como Chile, el crecimiento es posible solamente con una vigorosa expansión y diversificación de nuestras exportaciones. También, tendremos que continuar con la política de bienvenida hacia la inversión extranjera, que nos aporte el capital y la tecnología que son particularmente escasos en nuestro país.

Termino deseándole un muy exitoso gobierno.

/Escrito para La Tercera Por Manuel Agosin, académico FEN U. de Chile