Ancelotti refresca el once y el líder brinda un partidazo en El Sadar para batir a un buen Osasuna que resiste hasta el final gracias a Herrera: Para dos penaltis a Benzema

Lo tiene. Lo acaricia con la yema de los dedos. El título se asoma a la ventana de un Real Madrid que demostró toda su fortaleza en un campo espinoso, donde hay que sudar cada pelota. El Sadar siempre fue hostil a los blancos, que respondieron con la energía desbordante de un campeón en ciernes. Y justísimo. Ancelotti se decidió a refrescar la alineación y la respuesta fue magnífica, especialmente por parte de Ceballos, pletórico en la medular, y de Rodrygo, incontenible como extremo izquierdo. El equipo blanco ganó sobrado de fútbol, desaprovechando incluso dos penaltis, rescatados por un imponente Sergio Herrera, que mantuvo en la pelea a Osasuna hasta el final. Magníficos los de Arrasate, aunque no les dio para contener a un Madrid indiscutible y pletórico.

Una buena temporada aligera los pies. Por eso, Osasuna y Real Madrid regalaron un partido precioso, abierto, aprovechando todo el ancho del campo para buscar las cosquillas al rival. Ávila por la derecha, midiendo a Nacho, abrió la función con un centro tenso que no alcanzó Budimir por los pelos. Primer aviso. Rodrygo, en la izquierda, atormentó a Nacho Vidal por dentro y por fuera. En una falta desde ese costado, una jugada del laboratorio blanco encontró a Benzema solo en el lado ciego, tocó de primeras para Alaba y el austriaco devolvió los reflejos de Herrera con un remate de recurso.

Celebró el Madrid el 0-1 poco más de un minuto, porque en una apertura de Moncayola al Chimy, muy abierto, igualó Osasuna. El argentino buscó el área, aguantó y metió otro centro tenso que, esta vez sí, remachó Budimir en boca de gol.

El 1-1 premió la valentía de Osasuna, un equipo admirable. Juega con intensidad y al ataque, con un once repleto de buenos futbolistas que no escatiman ni una gota de sudor. Hubo un par de buenos arreones rojillos, cierto, con un gol bien anulado a Budimir por fuera de juego. Pero dominó bien el Madrid, fortalecido por un centro del campo anómalo. Con Ceballos y Valverde como volantes, activos y presionantes, y con Camavinga como pivote. Vio la amarilla de cada partido demasiado pronto, cortesía de De Burgos que siempre deja algo a los madridistas. Como cuando detuvo el choque a instancias del VAR, después de un control maravilloso de Rodrygo. Le había pisado Ávila, imprudente, tras soltar la bola el brasileño. Pareció poco en directo, pero si paras y revisas…

El poder del centro del campo

El caso es que el Madrid acabó el primer tiempo instalado en campo rojillo. Moviendo muy bien, con paciencia, buscando huecos, alternando horizontal y vertical, con Ceballos apareciendo siempre en apoyo. Tiró desde muy lejos Alaba, magnífico, y respondió Herrera espléndido. Poco antes de la pausa, Asensio, que había participado poco, arrancó desde la derecha, retrasó a Camavinga, metió un pase exquisito en diagonal, remató Ceballos, sacó Herrera estupendo y Marco, que continuó la jugada, empujó a la red.

El 1-2 no fue la última noticia de esa primera mitad. Alaba se fue al suelo antes de la pausa, víctima de un problema muscular. Mal asunto a seis días de la Champions. Entró Carvajal, y el Madrid mantuvo un nivel altísimo. Especialmente Ceballos y Rodrygo, que explotó como extremo izquierdo hasta provocar dos penaltis indiscutibles. Uno por mano de Ávila, otro por derribo de Nacho Vidal. Benzema lanzó el primero, y Sergio Herrera respondió con un paradón. Benzema lanzó el segundo, al mismo sitio, y Sergio Herrera repitió paradón. El Sadar enloquecido. Y Karim frustrado.

Ancelotti reconoció en una rueda de Prensa que había sido injusto con Ceballos por no darle más minutos. El utrerano agradeció la titularidad protagonizando el duelo, posiblemente el mejor desde que viste de blanco, con un despliegue espectacular con y sin balón. Un robo al borde del área rojilla, poco antes de que su gemelo se le subiera al gaznate, fue conmovedor. De esos que hacen que un Director Deportivo decida quedarse con un futbolista porque, efectivamente, merece más minutos.

Entraron Kroos e Isco para el asalto final, porque también se retiró Camavinga. Arrasate por su parte refrescó el equipo con Kike Barja, Oier y, ya al final, Roberto Torres y Barbero. Salvo un cabezazo de Budimir no frecuentó mucho más el área rival. Y fue porque el Madrid pudo rematar la faena una, dos, tres veces. Se hartó de perdonar el tercero, pletórico en el ida y vuelta. Entró Vinicius en la prolongación y reventó el partido. Pudo marcar él, tras un lujo de Isco al espacio, pero tras una recuperación de Lucas en el lateral derecho salió el Madrid a la contra, Benzema hizo la diferencia, Vini sorteó a David García y sirvió a Lucas para que cerrara la jugada que había empezado. Así gana un campeón.