Las olas de calor provocadas por el cambio climático -cada vez más frecuentes, duraderas e intensas- no serán un problema del futuro, lo son ya: Sólo entre 1992 y 2013, el calor extremo ha causado pérdidas de más de 16 billones de euros a la economía mundial.

Además, según un estudio liderado por la Universidad de Dartmouth (New Hampshire, EE.UU.) y publicado este viernes en la revista Science Advances, los países más pobres y con menores emisiones de carbono han sido los que más han sufrido las consecuencias de estos fenómenos extremos.

El estudio, que es uno de los primeros en examinar específicamente cuánto afectan las olas de calor a la producción económica, concluye que hasta ahora, los costes del cambio climático se han infravalorado por completo.

Para hacer los cálculos, el equipo combinó datos económicos de regiones de todo el mundo con la temperatura media de los cinco días más calurosos del año en cada región.

Descubrieron que, entre 1992 y 2013, las olas de calor coincidieron estadísticamente con variaciones en la economía, en las que, por efecto de las altas temperaturas en la salud humana, la productividad y la producción agrícola, se perdieron más de 16 billones de euros.

A la vista de estos datos, los autores reclaman medidas ‘inmediatas’ que protejan a la población en los episodios de calor, especialmente en las naciones más cálidas y económicamente vulnerables del mundo.

Además, “el coste de esas medidas adaptación no debería evaluarse sólo por su precio, sino en relación con el coste de no hacer nada. Nuestra investigación ya ha demostrado cuál es el precio de no hacer nada”, advierte Christopher Callahan, autor principal del estudio e investigador en Dartmouth.

Los resultados del estudio también ponen de relieve cuestiones de justicia y desigualdad climática.

El estudio denuncia que los costes económicos del calor extremo han sido y serán soportados “de forma desproporcionada” por los países pobres (trópicos y sur) que, además, son los que menos han contribuido al calentamiento global.

Según sus datos, mientras que las pérdidas económicas debidas a los episodios de calor extremo suponían una media del 1,5% del producto interior bruto (PIB) per cápita en las regiones más ricas del mundo, las regiones de bajos ingresos perdían el 6,7% del PIB per cápita.

El estudio también revela que, hasta cierto punto, ciertas regiones de Europa y Norteamérica -que están entre los mayores emisores de carbono del mundo- podrían beneficiarse teóricamente desde el punto de vista económico al tener períodos de días más cálidos.

“Nos encontramos ante una situación en la que los causantes del calentamiento global y de los cambios en el calor extremo tienen más recursos para ser resistentes a esos cambios y, en algunos casos raros, podrían beneficiarse de ello”, comenta el coautor del trabajo, Justin Mankin.

Existe, añade el estudio, “una enorme transferencia de riqueza internacional de los países más pobres del mundo a los más ricos a través del cambio climático, y esa transferencia debe revertirse”.

Mankin y Callahan concluyen que los principales emisores del mundo deberían pagar gran parte de la factura de la adaptación a los fenómenos de calor extremo, además de ayudar a las naciones de menores ingresos a desarrollar economías de bajas emisiones.

Compartir los costes de las medidas de adaptación beneficiaría a todos, concluye Mankin.

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