¿Cree el Presidente Boric en la propuesta de reforma que hizo en cadena nacional? No, en absoluto. Sabe perfectamente que no tiene ni mayoría ni el quórum del 60% requerido en el Congreso para aprobarla, a pesar de lo cual incorporó solo uno de los 5 principios que la oposición (con casi la mitad de los votos) condicionó para su aprobación. Sólo coincide con las exigencias de sus adversarios (incluyendo al Partido de la Gente) en perfeccionar la Pensión Garantizada Universal (PGU) como instrumento de solidaridad, pero la propuesta oficial le pega a todos los demás principios: el alza de un 60% de la cotización no irá a cuentas individuales; no habrá libertad de elección para administrar ni invertir el 16%, nada asegura que no habrá un zarpazo estatal a futuro sobre la propiedad de los fondos que serán anotados en cuentas ficticias (las nocionales), y no separó la tramitación para perfeccionar la PGU.

Despejado que no tiene los votos, ¿por qué planteó una reforma tan radical que hace tabla rasa del sistema existente y es contraria a lo que la gente quiere (libertad de elección y que la mayor cotización vaya a las cuentas de capitalización individual)? Porque cree que vendiendo utopías podrá revertir el 60% de rechazo a su gestión en las encuestas y necesita con urgencia alinear su coalición de ultra izquierda, cada vez más díscola. Los ministros parecen mimos repitiendo slogans, buscando posicionarse como los buenos (que quieren mejores pensiones para todos) frente a los malos (que defienden el lucro y a las AFP). Entre medias verdades y mentiras, aseguran que las rentabilidades del nuevo sistema serán superiores y los costos inferiores, que el sistema será mixto, como en la mayoría de los países, ocultando que en Chile ya lo es porque tenemos un tremendo pilar solidario y con una PGU que tienen pocos países del mundo para el 90% de los jubilados.

El Frente Amplio y el PC, con ayuda del socialismo democrático, desdeñan la realidad, situando siempre la discusión en lo ideológico (“fin a las AFP” y las “tremendas utilidades” cuando las rentabilidades son negativas, dijo Boric). Es así como no se hacen cargo de lo obvio, que subir las cotizaciones a un 28% (incluyendo salud) y el tope imponible desde 81 a 122 UF solo incentivarán la informalidad cuando la escasa tasa de cotizaciones es causa principal de las bajas pensiones en Chile (la formalidad es solo del 37%, mientras el promedio en países OCDE es del 50%, según OIT).

Nada de subir la edad jubilación tampoco, porque no es popular, y optan por divinizar la solidaridad de un sistema de seguridad social en vez de admitir que le están aplicando un nuevo impuesto sobre el 6% de sus salarios a todos los trabajadores, sin que los jóvenes tengan seguridad de recibir los beneficios cuando ellos jubilen. No hay que ser magos para descubrir que los países desarrollados, aquejados del mismo envejecimiento de la población, han hecho la transición contraria a la que pretende el Mandatario, que es pasar del sistema de reparto, que tiene quebrados a los Estados europeos, al de capitalización individual.

Boric sabe la PGU subió la tasa de reemplazo sobre el 70%, mejorando las pensiones casi al 90% de los jubilados, lo cual puede hacer innecesario subir los 6 puntos y destinar el total a un fondo común, aunque parte del mismo se registre a nombre de los trabajadores en las cuentas nocionales. Le habría bastado proponer solidarizar solo un porcentaje del alza (como el 3% en la reforma de Piñera que él votó en contra) y solo transitoriamente para subir las pensiones actuales que no se benefician con la PGU. Pero prefirió la radicalidad, porque eso le permite erigirse en el campeón de la solidaridad que eliminará las brechas entre las pensiones de hombres y mujeres o las lagunas de las que cuidan personas con dependencia funcional a sus propios hijos. El mundo feliz… en el papel.

Para ser aclamado por sus huestes de “No + AFP” también tenía que eliminar las AFP y crear un monopolio estatal para administrar, recaudar y pagar las diferentes modalidades de pensiones y los 15 millones de beneficios estatales que entregaron el año pasado a los 11 millones 550 mil afiliados. Una suerte de todopoderoso INP que no ha sido capaz de pagar la PGU a tiempo. Pero no importa, no hay derecho a pataleo cuando el Registro Civil no atiende o el Fonasa administra 2,1 millones de listas de espera para consultas de especialidad y 328 mil cirugías. Lo fiscal es bueno, aunque no funcione, es su postura.

Buscando complacer a sus socios que odian el libre mercado, creará también otro monopolio estatal  para invertir el 16%, permitiendo la elección solo en el actual fondo con el 10% de la cotización que administran las AFP. ¿Es un desprecio a la posibilidad de elegir quién administra e invierte las cotizaciones que exige la población? Más bien, es la política del tejo pasado con que Boric espera alinear sus huestes y volver a ser aprobado por la opinión pública al encarnar una vez más la utopía socialista, que es el plano que le acomoda. Después podrá negociar y culpar a la oposición de no haber tenido todo el apoyo para sus transformaciones.

Escrito para El Líbero por Pilar Molina, periodista.