Alejandro San Francisco es profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de «Historia de Chile 1960-2010» (USS). Es Doctor en Historia, University of Oxford (Inglaterra); Master of Studies in Historical Research, Universidad de Oxford, Inglaterra; magíster en Humanidades, Universidad Adolfo Ibáñez y Licenciado en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile. Autor de varios libros. Sus áreas de investigación se centran en la historia política de Chile, la historia del siglo XX y la actualidad política de América Latina.

Este es un resumen de lo dicho en entrevista con el panel de radio Santiago:

En torno a la discordia constitucional que vive Chile desde hace algún tiempo, la discusión debe considerar dos temas distintos de particular relevancia. El primero es la necesidad de reformar la carta vigente o de hacer una Constitución nueva; la segunda se refiere a la forma, es decir al organismo que debe llevar a cabo la tarea.

A la fecha tenemos claras algunas cosas. Primero, que la mayoría de la población se manifestó por cambiar la actual Constitución (de 1980 o de 2005). Segundo, que la sociedad rechazó ampliamente la propuesta de la Convención, que procuraba una fórmula plurinacional, indigenista y lejana a la tradición constitucional chilena. Tercero, que el tema todavía no está cerrado, sino que sigue viva la discordia, aunque no pueda considerarse el mayor problema de Chile en la actualidad.

De hecho, es preciso reconocer las prioridades de la población, como son la lucha contra la delincuencia y la necesidad de mejorar las condiciones de la economía nacional y de generar progreso social, lo que en modo alguno inhibe seguir trabajando los temas institucionales, aunque debieran situarse en su justa dimensión y prioridad.

La mayoría de los partidos políticos parece convencida de la necesidad de contar con una nueva Convención Constituyente, aunque debería tener algunas diferencias respecto del órgano que fracasó en 2021-2022. Quizá, han dicho sus promotores, podría tratarse de un organismo más pequeño, que tenga mayor consideración por los especialistas y cuente con ciertos “bordes” que eviten la experimentación excesiva o los aires refundacionales.