Puede que usted no encuentre conexión entre ambos temas. Pero la hay. En un par de semanas el Presidente Boric ha revelado la esencia de su gobierno. Indultó a trece delincuentes condenados por graves delitos provocando conmoción en un país sumido en una grave crisis de seguridad pública. Lo hizo atropellando la institucionalidad, transgrediendo normas que no permiten indultar a quien ya ha recibido el beneficio, desechando la opinión de organismos técnicos, humillando a su ex ministra de Justicia al atribuirle “desprolijidades” cuando todo hace presumir que fue la voluntad presidencial la que, a sabiendas de que no procedía, decidió indultar. Boric se burló de la amplia mayoría de los chilenos que no comparten la medida y que ven con temor a los criminales en las calles y no en las cárceles, agravió a las víctimas de estos delincuentes incluyendo a mujeres maltratadas, invadió atribuciones de otro poder del Estado al calificar de erróneas sus sentencias, perjudicó el combate a la delincuencia haciendo caer la mesa política que conducía la ministra Tohá. Su comportamiento fue repudiado por la opinión pública y el apoyo a su gestión bajó cinco puntos en una semana, llegando a 25%.

Pero esta desconexión brutal con lo que viven, sufren y piensan la mayoría de los chilenos tiene otra dimensión: la económica. Las familias han visto caer dramáticamente su poder de compra con la inflación, no se crean empleos y no se inician nuevos proyectos. Y entonces la mina Dominga, que revitalizaría una región invirtiendo 2.500 millones de dólares, creando 10.000 empleos bien pagados en el momento peak y 30.000 en los cuatro años del proyecto, que tiene todas las autorizaciones, ha ganado en todas las instancias judiciales y cuenta con calificación ambiental favorable luego de diez años de tramitación, es defenestrada por el Comité de Ministros del gobierno de Boric.

No a Dominga dijo Boric el día que salió elegido y seis ministros, incluyendo Economía y Minería votan en contra de Dominga. Es unanimidad, como las votaciones en Cuba o en la Unión Soviética. La comuna de La Higuera, sede de la mina Dominga, realizó un plebiscito en que 96% apoyó el proyecto. Porque tienen 20% bajo la línea de pobreza, porque el 51 % de los hogares no tienen servicios básicos. La mina les daría empleos y beneficios económicos adicionales.

Pero ellos no están en la mira del gobierno, no importan; los que importan son los habitantes de esa comuna mental que es Ñuñoa (genialidad de Rafael Gumucio). Ellos celebran y celebrando mienten, tratando de vestir con ropaje científico su decisión. Al igual que en los indultos, Boric le habló aquí a su barra brava, como dijo el senador Walker. Ya no quiere ser el Presidente de todos, solo de los iluminados que viviendo en un país imaginario hacen sufrir diariamente a los chilenos.

Escrito para La Tercera Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo