La inauguración de la Cumbre de la CELAC volvió a dejar en evidencia la afinidad que existe entre el gobierno argentino, hoy encabezado por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, con las dictaduras que lideran el nicaragüense Daniel Ortega, el cubano Miguel Díaz Canel y el venezolano Nicolás Maduro.

En el discurso de apertura del evento que se realizó en Buenos Aires, el jefe de Estado anfitrión primero invitó a sus pares a luchar contra “los bloqueos” que sufren algunos países de la región: “Son un método muy perverso de sanción, no a los gobiernos sino a los pueblos. Por lo tanto, no podemos seguir permitiéndolo”.

El presidente argentino siguió su alocución, pero ya de forma más explícita: “Cuba lleva un bloqueo de más de seis décadas y eso es imperdonable. Venezuela padece otro tanto y nosotros tenemos que levantar nuestra voz… Creemos en la democracia, que está definitivamente en riesgo. Después de la pandemia, la ultraderecha se ha puesto de pie y amenaza a cada uno de nuestros pueblos. Nosotros no debemos permitir que esa derecha recalcitrante y fascista ponga en riesgo la institucionalidad de nuestros pueblos”.

El posicionamiento ideológico de Alberto Fernández se profundizó instantes después en su discurso: “Todos los que están aquí han sido elegidos por sus pueblos y sus pueblos los legitiman como gobernantes. Y por lo tanto, más allá de cómo cada pueblo decida, en la diversidad debemos respetarnos y en la diversidad debemos crecer juntos”. Una frase por demás llamativa si se repara en las características de los gobiernos de Nicaragua, Cuba y Venezuela.

En representación de Nicaragua estuvo el canciller Denis Moncada; por Cuba participó el jefe del régimen Miguel Díaz Canel; y Venezuela envió como referente a su ministro de Relaciones Exteriores, Yván Gil.

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