Es difícil estar optimista con lo que está pasando, da pena ver cómo lo construido por años se viene abajo por incapacidad de los que son responsables.

¿Es que el gobierno es el malo? Posiblemente, pero las cuentas que estamos pagando son de larga data, de varios gobiernos atrás.

El problema de la delincuencia iba a ser solucionado por cada candidato, pero no pasó nada y la gente se siente desprotegida. La reforma a la justicia parece que fue peor el remedio que la enfermedad, nadie cree que está siendo una justicia equilibrada, justa y seria. Jueces acusados de prevaricación, otros de consumo de drogas, otros elegidos a dedo por partidos políticos, en fin todo mal por ese lado.

El congreso, una pena, con un nivel de aprobación mínimo, nadie les cree. Parlamentarios elegidos con un 1 % de aprobación, parece que la eliminación del binominal no fue la panacea prometida. Aumentamos el número de parlamentarios para tener un parlamento más inclusivo, al final llegaron algunos que son abanderados de la ignorancia, payasos, faranduleros, personas que por aparecer en la TV son elegidos. Que pena, se acabó el parlamento donde habían grandes oradores, serios, comprometidos con sus ideas y legislando para hacer un mejor país y no para intereses particulares, una pena. Al final gastamos más plata, a pesar que no iba a ser así, pero no solo eso, sino para proponer iniciativas que son inconstitucionales y que en lo general no se preocupan de las prioridades de la gente.

La delincuencia, la droga, el mal gusto y minorías que pretenden imponer sus criterios, malo, malo.

Un continuo descrédito de las instituciones, la Iglesia, muy mal, las FFAA elegidas como las que reciben más reconocimiento de la gente, los políticos buscan su desprestigio, las mandan a cumplir funciones que no les corresponden y sin los medios para cumplir bien esas tareas, hay desánimo y cansancio.

Más encima la pandemia que dejará la economía por el suelo.

El estallido social que desató la delincuencia y la destrucción. La confusión de la gente entre legítimas demandas y el destrozo de obras que le costaron al país años de trabajo han hecho un tremendo daño.

Hay poco que rescatar, un gobierno sin apoyo, un conductor rechazado por la gente y si apoyos, destino? Muy incierto y de un mal pronóstico.

Cambio constitucional, un remedio para salvar al país… para nada. Sin saber qué se va a proponer, tampoco quienes lo van a redactar y con un nivel de polarización tremendo, en un país empobrecido, dilapidando recursos muy necesitados en estos momentos. No lo veo conveniente , tampoco prudente.

Que hay que hacer modificaciones y hay demandas muy justas, no cabe la menor duda, pero botar lo que tenemos a la basura no parece la mejor opción. Hay que buscar algo nuevo, un movimiento o un partido que nos represente .

Las personas que conozco por casi toda la vida nos hemos mantenido fuera de la política, primero porque era parte de nuestro compromiso con la República, pero hoy somos ciudadanos sin esas obligaciones. Ya no debemos tener temor a ser acusados de “deliberantes”, hoy el deber es participar activamente en política, de ser espectadores a participantes. Somos miles y cientos de miles si consideramos a parientes, amigos y conocidos que comparten ideas de cómo debe ser nuestro Chile.

¡Hay que buscar la diferencia!

Ricardo Ortega Perrier, general del aire (r), exComandante en Jefe de la FACh

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