Para muchos la elección de Sebastián Sichel como abanderado de la centroderecha para las próximas elecciones presidenciales, fue una sorpresa: las cada vez más desacreditadas encuestas daban por ganador a Joaquín Lavín, y por un importante margen. Pero para otros, entre los que me cuento, su elección no es más que el reflejo del hastío de quienes nos sentimos de derecha con los partidos de esta ala de la política nacional, con sus dirigentes, y con muchos que políticamente piensan como uno, pero cuyo comportamiento solo sirve de argumento a quienes nos critican, y con justa razón.

En efecto, dicho hastío arranca de la desconexión con la realidad del país de una clase social que mayoritariamente se identifica con la derecha, y de su forma de plantarse frente a la vida como una casta privilegiada en desmedro del resto. En fin, de la falta de empatía con aquellos que no han tenido la suerte de entrar al círculo de la “gente como uno”.

Para graficar lo que digo, los ejemplos sobran. Hace unos días, llevé a mi hijo menor a vacunarse contra el COVID-19 al Parque Juan Pablo II, en Las Condes, con el correspondiente certificado médico para acreditar la comorbilidad que justificaba su vacunación. Sin embargo, el certificado estaba mal emitido, por lo que se nos hizo pasar a una segunda fila, para que la enfermera de turno nos explicara por qué no era posible vacunarlo. Éramos dos los padres esperando con sus respectivos hijos, pero llegó una señora con su nieto, quien se saltó la fila argumentando de manera altiva que llevaba mucho tiempo esperando -el mismo que el resto-, por lo que tenían que atenderla inmediatamente. A la muchacha a cargo de controlar la fila no le quedó otra que dejarla pasar: se disculpó con los que esperábamos con cara de resignación. Por supuesto, no era ella quien tenía que disculparse. Luego, ya con la enfermera, la mentada señora no quería entender razones, y le discutió mucho tiempo, hasta que se retiró amenazando utilizar sus influencias para que la sancionaran por negarle el derecho a vacunar a su nieto.

Como ese caso, día a día podemos encontrar varios, demasiados tal vez: como aquellas familias que han viajado de vacaciones fuera de Chile -Miami es el destino favorito-, tomando horas médicas que no necesitan para burlar el cierre de fronteras impuesto por la autoridad sanitaria para controlar la pandemia; o aquellos muchachos que durante el verano organizaron y asistieron a fiestas clandestinas en Zapallar, y que luego han evitado el pago de las multas correspondientes judicializando sus casos. ¿Cómo no van a generar rabia en aquellos que por cumplir con las restricciones sanitarias han visto afectados sus ingresos y el bienestar económico de sus familias?

La situación es mucho más reprobable cuando emana de una autoridad de gobierno. Especialmente graves fueron las declaraciones del doctor Luis Castillo, cuando a mediados del año 2019, ejerciendo como Subsecretario de Redes Asistenciales, declaró que “los pacientes siempre quieren ir temprano a un consultorio, algunos de ellos, porque no solamente van a ver al médico sino que es un elemento social, de reunión social”: prácticamente un insulto para aquellos que no tienen otra posibilidad que ir al consultorio cuando se encuentran enfermos o requieren un control médico.

Pero dicha desconexión con la realidad no se limita a lo meramente económico o social, sino que va incluso más allá, desconociendo o renegando de fenómenos sociales de los últimos años que han significado un cambio de paradigma, especialmente en relación a las distintas formas de discriminación. Basta recordar las declaraciones del ex Ministro de Educación Gerardo Varela, cuando en una entrevista en Radio Universo reveló que él mismo compraba condones para sus hijos, porque a ellos les daba vergüenza pedirlos en una farmacia. Hasta ahí, todo bien. Pero remató: “pero es que mis hijos son unos campeones, necesitan más de tres parece”, declaración absolutamente sexista. Y también contradictoria: si tus hijos son unos “campeones”, exígeles que sean hombrecitos y que se agencien ellos mismos sus preservativos.

En fin: esa desconexión con la realidad en la que vive gran parte de nuestra derecha, ha quedado de manifiesto también frente a la historia de vida de su flamante candidato presidencial, como lo ha reporteado la prensa. En efecto, el pasado lunes 19 de julio, el día después de las Primarias Presidenciales, en el programa Página 13 de Tele13Radio, el periodista Cristian Bofill, refiriéndose a Sebastián Sichel, dijo: “Mucha gente lo ridiculizó bastante, […] se reían [de] que él pusiera [en su franja] tan fuerte su perfil biográfico, pero al final se terminó rindiendo.” Luego, Kike Mujica comentó que “cuando clasificaban a Sichel, algunos dirigentes de la derecha decían ‘es que tuvo una vida muy entretenida’, para alabar eso […], y una vez le pregunté [a Sichel], ¿qué se siente que te digan que tuviste una vida bien entretenida? […] y me dijo que más de alguna vez se había topado con gente de su entorno, de los partidarios, y le habían dicho qué simpática tu vida, que excéntrica, qué pintoresca […]”.

Sinceramente, espero que Sebastián Sichel remeza a nuestra derecha y la aterrice, para que entienda que solo conectándose con la realidad de la mayoría de los chilenos será posible estructurar las políticas públicas que Chile necesita para que todos y cada uno puedan lograr el mayor bienestar y desarrollo posible, en un contexto de libertad, igualdad, y empatía, a la que alguna vez se le llamó fraternidad. El primer paso es dejar de considerar “entretenida” su vida, y calificarla como lo que es: ¡Qué exitosa tu vida!

/Escrito por el abogado José A. Ugolini para El Líbero

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